ABU-ASSAD Hany (1961-_)

Paradise Now (Paradise Now) (2005: 8.5)

A) El suelo está torcido

En una de las primeras escenas, casi estampas, de la punzante y espléndida Paradise Now, en un humilde taller de coches, un cliente se queja a los jóvenes mecánicos de que el parachoques está torcido. Ellos tratan de convencerle de que eso no es cierto, pero el señor insiste y exige que lo recoloquen en posición recta. Los jóvenes trabajadores del taller, que son los protagonistas de Paradise Now, replican que el parachoques está recto con respecto al suelo, es decir, está en paralelo puesto en relación con la quebrada superficie de la tierra que pisan. Lo que está torcido, aducen, es el suelo, no el parachoques.

Pese a todo lo que se chilla y argumenta contra la dictactura del relativismo, dosis de éste siguen siendo pertinentes, frescas, necesarias.

Intentar ponerse en el pellejo del otro. Incluso en la piel del terrorista suicida palestino. Qué siente, qué piensa, qué esconde, cómo llega a dar la vida por una causa, cómo toma la decisión de matarse, asesinando al mismo tiempo a varias personas más, israelíes, seguramente.

El personaje de Said (Kais Nashif), uno de los dos futuros suicidas, conversa con una cooperante francesa, la pacifista de origen argelino Suha  (Lubna Azabal), que se interesa por sus aficiones. “¿Has ido alguna vez al cine?”, le pregunta. Él responde que una vez; ocurrió años atrás, estaba con otros chicos y, como parte de una operación de protesta contra el gobierno israelí, entraron en un cine y le prendieron fuego.

Ese es, también, el cine en que vivimos.

 

B) El cuerpo y la “playstation”

El reclutador de suicidas le dice a su última adquisición, nuestro Said:

 

-¿Qué se puede hacer cuando no hay justicia ni libertad? Cuando no se tiene eso, hay que luchar por ello.

 

Lo intenta convencer de la necesidad de que se convierta en “kamikaze”. El ataque suicida (ya que Palestina no cuenta con aviones de combate) es el arma que les queda a los que sólo cuentan con sus propios cuerpos. El cuerpo como arma de combate.

Sorprende, en Paradise Now (cortesía del diario Público que, irresponsablemente, nos la regala con doblaje obligatorio, un horror), un film muy premiado en 2006 y que, por el prestigio de su mero “tema”, podría tener carta blanca para todo tipo de manierismos, bajezas, tosquedades y disparates, que sus creadores hayan evitado las coreografías digitales, los éxtasis de violencia, los énfasis aclaratorios y los impactos súbitos. Paradise Now es sobria y no cae en furibundos espectáculos comerciales.

En similar sintonía, el crítico Ángel S. Harguindey se congratula (El País, septiembre de 2007) de que en el Festival de cine de San Sebastián de este año se haya premiado un tipo de cine sencillo y pequeño:

 

Para todos aquellos que han superado sobradamente los 25 años es ya un lujo poder contemplar películas sin alardes ni trucos de ordenadores, sin actores virtuales ni al estilo playstation tan en boga.

 

C) Muerte, orgullo y destino

Paradise Now: a lo que aspiran los dos pobres diablos palestinos (el otro es Khaled, el actor Ali Suliman), dispuestos a inmolarse es a la gloria del heroísmo y a la tranquilidad del paraíso de Alá, lejos del apocalipsis de aburrimiento y humillación habituales en sus trabajos y días en Gaza.

El cerebro intelectual de los atentados suicidas justifica la necesidad de la acción que están a punto de cometer sus discípulos:

 

-Aquellos que luchan por la libertad, pueden morir por ella. Tú cambiarás las cosas... Sois nuestro orgullo.

 

Morir para ver. Morir para que algo cambie. O para que todo continúe igual: esa es la gran duda. “Sólo aquel que no teme la muerte, controla su vida”, se oye en el film. Es uno de los principios que sostiene el andamiaje sentimental y religioso de aquellos persuadidos de que el ataque suicida es la única salida con la que cuenta Palestina para luchar contra Israel.

Y nuestro protagonista piensa: “No puedes alterar tu destino. Es la voluntad de Alá”.

 

D) Cambiar de suelo o de discurso

A Magdalena Kopp, esposa del terrorista venezolano Carlos y antigua “militante ultraizquierdista en Alemania” (suplemento “Domingo”, El País, septiembre de 2007), le comenta su entrevistador (J. Comas) que no queda claro en su libro cuál fue su (de ella) “motivación para pasar a la ilegalidad y después al terrorismo”. Kopp responde:

 

-Estas historias van despacio, conoces gente, te solidarizas, quieres cambiar las cosas en la sociedad. Usted habla de terrorismo, pero yo no lo llamaría terrorismo desde el principio. Es una palabra que se dice ahora. En aquel tiempo no lo veíamos como terrorismo. Era una forma de lucha. Hoy hay otras formas de cambiar el mundo. Sólo se habla de terrorismo, son otros tiempos.

 

En Paradise Now, uno de los dos personajes principales sí cambia de discurso, se rebela contra aquel determinismo y modifica así su destino. El otro, por desgracia, el que nos cae más simpático, aquel del que se ha enamorado la bella cooperante, tan razonable, comprometida y sensata, ese ha caído en las redes del sectarismo, su cerebro está lavado. Y, con la carga explosiva pegada bajo sus ropas sobre su cuerpo, se interna en territorio israelí y se sube a un autobús lleno de militares y algunos civiles.

La cámara se acerca a sus ojos, que nada transmiten. Fundido en blanco. Y se acaba la película.

Lo que está inclinado no tiene por qué ser el parachoques. Podría ser el suelo. Hay otras formas de ver, (y así) de cambiar el mundo.