PICAZO Miguel (1927-_)

La tía Tula (La tía Tula) (1964: 9.0)

La tía Tula es una de las más grandes películas españolas. Basada en la no menos excepcional novela de Unamuno, supone primordialmente un retrato espléndido (crítico pero piadoso) de una solterona, una figura habitual y conmovedora durante la España franquista. El trabajo de Aurora Bautista, la mítica protagonista de Locura de amor o Agustina de Aragón, es extraordinario.

Picazo bebía sin duda en el nuevo cine que venía de Inglaterra, el Free Cinema de los denominados “angry young men”, y se centraba en las fragilidades y derivas morales de sus personajes, haciendo uso de una gran carga de primeros planos, intensidad dramática y costumbrismo estilizado, produciendo una radiografía psicológica y social más atenta a los claustrofóbicos espacios interiores que a los exteriores (por donde se internaba la modernidad de las motos, las faldas y el Pop). Pienso en películas británicas de esos años como La habitación en forma de L (de B. Forbes, con Leslie Caron).

Se incardinaba La tía Tula a una tendencia de cine español más crítica y realista (ya inaugurada por Bardem diez años antes), a medio camino entre la mirada sociocultural insatisfecha y cierto hastío existencial que acaso naciera en El Jarama de Ferlosio... Pensemos en películas españolas de esos años como Nueve cartas a Berta, Amador, La caza, Con el viento solano… Un cine menos épico y melodramático, también menos alegre; más metafórico. Quería reflejar un malestar social y unas inquietudes sentimentales y psicológicas al mismo tiempo que afirmaba una identidad autoral. Una lástima que el Picazo director no se prodigara en exceso… Habrá que intentar descubrir sus otras películas como director (esto lo digo hoy, en mayo de 2013).

Momentos como Tula caminando extasiada por el jardín de su niñez o su despedida en el andén contienen una enorme sensibilidad y hondura. La tía Tula es una película hermosa, dura y admirable que todo aficionado al cine español debería conocer. Aunque sea, córcholis, sin pagar por ella, coartada o excusa que sostienen muchos espectadores ya que “el cine es tan caro” (el DVD de La tía Tula me costó en un quiosco de Madrid la desorbitada cifra de 4 euros: como una cerveza y media).