HAUFF Reinhard (1939-_)

Stammheim - Die Baader-Meinhof-Gruppe vor Gericht (Stammheim, el proceso) (1986: 2.0)

Stammheim, el proceso es uno de los mayores engendros que he visto nunca. Una película grotesca, ética y estéticamente deleznable. La realización es estridente, teatral y televisiva. Para cualquier espectador medianamente atento, la falta de sutileza y matices se convierte en un bochorno apenas soportable.

Sin embargo, en la Alemania comunista, también llamada democrática, premiaron este film con el Oso de Oro en Berlín en 1986. Seguramente, uno de los mayores disparates de la historia de los galardones cinematográficos.

La película propone una recreación aberrante (en sus continuos énfasis visuales e interpretativos) del juicio al grupo terrorista alemán Baader-Meinhof. No es que el director de la cinta, Reinhard Hauff, se muestre equidistante entre el Estado de Derecho y los terroristas. La cosa, me parece a mí, va más allá.

(Algo que, por cierto, no fue nada raro en los setenta y ochenta, como se comprueba en películas españolas como Operación Ogro o La fuga de Segovia. Es evidente que en relación a la, por así llamarla, tolerancia terrorista hemos avanzado mucho)

Stammheim, el proceso, como decíamos, se posiciona sin disimulos más allá de la equidistancia. Por un lado, el juez, los fiscales y las personas que testifican contra los terroristas están presentados de una manera subrayada y caricaturesca como una masa uniforme, egoísta, estúpida y opresiva. Por el otro, los jóvenes terroristas son individuos “cool” (peinados modernos, gafas de sol, ropas juveniles), poéticos (tocan el violín, leen, piensan en voz alta), idealistas y revolucionarios, cuya sacrificada y desinteresada misión en el planeta Tierra es luchar contra el Capitalismo Imperialista (de la Alemania Occidental, los EEUU, etc.). ¿Cómo luchan? Matando a hombres y mujeres. Pero, claro, ellos no se rebajan a hablar de sangre y de vísceras. 

La veterana directora alemana Von Trotta, con motivo del estreno en España (junio de 2013) de su película en torno a la filósofa Hannah Arendt, habla de su militancia feminista de izquierdas en los años setenta y ochenta, y apunta (El Cultural): “Pero la violencia fue siempre una línea roja, nunca estuve a favor de que se asesinara a gente”.

Tras ver la deleznable Stammheim, el proceso, lo siento mucho pero no sé qué pensar sobre sus creadores. Qué horror.