FORD John (1894-1973)

Donovan's Reef (La taberna del irlandés) (1963: 6.5)

Como The Sun Shines Bright, La taberna del irlandés es de una estirpe relajada, festiva, machista y ritual puramente fordiana. 

Puede verse como un remake de El hombre tranquilo. Un remake ornamental, diría yo humildemente, pues carece de fuelle elegíaco, emoción o atisbos de hondura. En fin, no siempre la famosa ausencia de pretensiones se convierte en un mérito, menos aún en cheque en blanco. 

Durante los años sesenta, maestros del Hollywood clásico como Hawks (Su juego favorito), Chaplin (La condesa de Hong Kong), Walsh (Marines, Let’s Go, por lo que me huelo) o el propio Ford en Donovan’s Reef (no así Hitchcock) hicieron oídos sordos a las nuevas corrientes y actitudes (más provocadoras, modernas o intensas) y optaron por divertimentos distendidos y culturalmente anacrónicos... En aquel momento estos filmes fueron mal digeridos por crítica y público. Hoy, son objeto de controversia entre cinéfilos y fordianos e incluso entre fordianos cinéfilos. Como es normal, al resto de espectadores planetarios este asunto les importa una higa.

Donovan’s Reef, que veo por segunda vez, es una exótica, bonita y disparatada comedia que se diría empapada de la ligereza humorística de un Blake Edwards (casi esperaba divisar a Peter Sellers disfrazado con plumas), la comicidad de movimientos de un Jerry Lewis y la levedad narrativa de un Stanley Donen. Una comedia entretenida, paternalista y banal cuya trama es, en mi raquítica opinión, aún más irrelevante que inverosímil. Lo que le importa aquí a tipos como Ford y su troupe liderada por John Wayne y Lee Marvin es celebrar la vida, disfrutar de los bellos paisajes de Hawai, ligar con sus hermosas nativas, emborracharse, liarse a puñetazos y hacer un tosco ejercicio de tolerancia multicultural al mismo tiempo que un trabajo sutil pero ineludible como misioneros occidentales en tierras ingenuas (no he dicho salvajes).

Pese a la estupenda y desaprovechada actriz Elizabeth Allen, quizá sea a día de hoy (junio, 2013) la película de Ford que menos me gusta. Acaso porque, como The Sun Shines Bright, abusa de sus rasgos fordianos.