GIL Rafael (1913-1986)

El hombre que se quiso matar (El hombre que se quiso matar) (1942: 6.0)

CAPRA. En ¡Qué bello es vivir! (1946) el mítico personaje de James Stewart, desesperado, decidía suicidarse. Pero era salvado por un ángel bondadoso que le mostraba cómo habría sido su entorno inmediato si él no hubiese vivido.

GIL. Cuatro años antes de que Capra rodase su obra maestra, el director español Rafael Gil realizaba, con apenas 30 años, su primer largometraje. Una película sorprendente e inesperada que se caracteriza por el humor negro, la desesperanza y, frente al cine de Capra, el cinismo.

SIN ÁNGEL. Cuando al pobre Federico le deja su novia y no consigue el empleo que deseaba, decide suicidarse. Programa su muerte para unos días después. ¿Qué ocurre? Que los que le rodean, pretendiendo apenarse de él, en realidad quieren aprovecharse de distintas maneras. Casi todas ellas relacionadas con el dinero. Sólo el amor incondicional de una mujer (la encantadora actriz Rosita Yarza) lo salvará de apretar el gatillo. Y no aparece ningún ángel.

CODORNIZ. El brillante e imprevisible planteamiento de Rafael Gil (a partir de una pieza de Wenceslao Fernández Flórez) se ve lastrado, no obstante, por el marcado tono de sainete (característico de dramaturgos famosos por esos años como Arniches y Jardiel Poncela y de La Codorniz, que había nacido en 1941) y la ausencia de un desarrollo más complejo o convincente.

ACTUAL. Película llamativamente actual por su temática y preocupaciones (escribo en julio de 2013), El hombre que se quiso matar es también profética sobre el papel de los medios de comunicación y la publicidad, volcadas en el sensacionalismo y los beneficios económicos. Una lástima, insisto, que en su brevísima duración (70 minutos), el guion no se hubiese trabajado un poco más.

ESPAÑOLITO. Escribe José Luis Castro de Paz, en un texto que apareció en ABC Cultural y que recupera el programa de la Filmoteca Española de julio de 2013, estas significativas líneas en torno a El hombre que se quiso matar (y Huella de luz):

 

Protagonizadas por el joven y casi debutante Antonio Casal, Gil logrará de él la encarnación perfecta del españolito de a pie bajo cuya sonrisa soñadora brota una tristeza que llegará a convertirse en metáfora de la incurable herida y la honda negrura de la posguerra.