WISE Robert (1914-2005)

The Sound of Music (Sonrisas y lágrimas) (1965: 8.0)

Tantos años después, en julio de 2013, vuelvo a Sonrisas a lágrimas. Mi novia me lo advierte: “No tienes por qué verla si no te apetece, es tan cursi…”.

Pero la vemos juntos y compruebo que me gusta y, encima, encuentro bastantes más “pros” que “contras”.

PROS:

-Hay que ser muy atrevido y audaz para atreverse a rodar una película musical con monjas, niños repipis, nazis y Christopher Plummer. Hoy día, una película así es impensable. Impresentable, diría incluso.

-Julie Andrews está sencillamente maravillosa. O quizás es que “era” una mujer maravillosa.

-La elegancia de la imagen, la distinguida (y siempre significativa) puesta en escena. La luminosidad. Pienso en El cardenal (Preminger) más que en Brigadoon (Minnelli).

-El plano aéreo inicial por el que llegamos volando, y casi aterrizamos, sobre Julie Andrews en las verdes montañas de Austria es sobrecogedor.

-La película es contagiosa, positiva, alegre; nos inspira. Hay momentos destinados a hacernos levitar.

-Los números musicales son casi todos fantásticos. Qué canciones tan pegadizas y bellas. Qué coreografías tan elaboradas y divertidas. Es casi imposible no tararear las canciones.

-The Sound of Music es radicalmente cinematográfica, como West Side Story (otra obra del infravalorado Wise). No tengo ni tiempo ni ganas ni espacio para desarrollar esta idea ahora mismo.

CONTRAS:

-Sonrisas y lágrimas es excesivamente larga.

-En efecto, es cursi, es ñoña, es la edulcoración elevada a su máxima potencia. Hay que verla en pequeñas dosis: por lo menos, de dos sentadas. Es evasión de primera calidad. No nos la podemos tomar en serio (tampoco en broma, dicho sea de paso).

-Es inverosímil. El drama es escasamente dramático. Pero añadamos que los musicales se permiten tantas licencias anti-reales como los filmes de ciencia ficción. O incluso más.