MUR OTI Manuel (1909-2003)

Cielo negro (Cielo negro) (1951: 9.0)

UNO. Como en Huella de luz (R. Gil), pero allí con protagonismo masculino, en Cielo negro hay una madre con un rol fundamental. El héroe y la heroína de ambas cintas viven con sus ancianas madres. En ambas películas, las preocupaciones de los personajes de Antonio Casal y de Susana Canales son dos: tener novio(a) y tener trabajo (dinero). Es decir: felicidad y estabilidad. La vida misma.

DOS. Como en El hombre que se quiso matar (R. Gil), en Cielo negro el personaje principal quiere suicidarse. Al contrario que en la película protagonizada por Antonio Casal, si Susana Canales decide al final no hacerlo no es gracias al amor humano. Irrumpe la epifanía divina. Emilia oye las campanas de las iglesias y se dice: tocan por mí. Y comienza una carrera apoteósica hasta la entrada de la catedral, donde caerá postrada ante el altar, avergonzada de sus pensamientos suicidas. Dispuesta, pese a todo, a resistir y seguir viviendo. ¿Qué habría hecho Bergman con tales materiales?

TRES. Como en Calle Mayor, a la pobre protagonista le gastan una broma pesada otros jóvenes aburridos y sin escrúpulos. Frente a la película de J.A. Bardem (que es posterior), en la película de Mur Oti son chicas las que traman la pesada broma. Muchachas que (en una excelente maniobra de guion) contratan a un poeta para que le escriba impostadas cartas de amor a la pobre ingenua.

CUATRO. Cielo negro, clásico melodrama del cine español a la altura de lo más alto, prueba el talento torrencial de Manuel Mur Oti para ilustrar conflictos amorosos con enorme misterio y patetismo. Fernando Rey y Susana Canales hacen interpretaciones colosales. El gran acierto de Mur Oti de otorgar a F. Rey la doble interpretación del supuesto pretendiente y del poeta (que escribe las “cartas a una mujer desconocida”) le da a la película un truculento matiz de Dr Jekyll & Mr Hyde. ¿Y por qué será, además, que he divisado en Cielo negro ciertos ecos de Extraños en un tren, la película de Hitchcock del mismo año?

CINCO. Mur Oti enarbola con orgullo y distinción su abarcadora habilidad para ilustrar (y, en rigor, crear) el conflicto amoroso combinándolo con ecos expresionistas y los componentes principales de los destinos trágicos. Elementos que comparte con otra estupenda película suya que he visto, Condenados (1953).

SEISCielo negro es una película esencial y sustancial. Espíritu y carne. Ilusión y decepciones. Palabras mayores dentro del cine español de cualquier época. Mur Oti: un cineasta que, gracias al libro de Miguel Marías publicado hace ya más de veinte años (escribo en julio de 2013), ha podido ser algo más conocido y admirado en su propio y olvidadizo país.