FORD John (1894-1973)

Stagecoach (La diligencia) (1939: 9.5)

La diligencia. Paradigma del western.

En 1939 John Ford se inventaba Monument Valley y al gran John Wayne.

Ford y su firme alegato en favor de la tolerancia y la democracia. Sus personajes más frágiles y marginales (la prostituta, el presidiario y el borracho) son sus favoritos, frente a los matones sin corazón, los jugadores sin escrúpulos, las sectarias beatas y el banquero ladrón.

Y frente a los inhumanos indios, dicho sea de paso, comandados por un temible Gerónimo.

No es fácil imaginar dónde se situarían hoy día (julio, 2013) las simpatías de John Ford. Un tipo complejo, sin duda. Pero en 1939 Ford se mostraba más liberal y progresista que nunca. Más abierto, compasivo y humano.

La diligencia contiene épica, aventura y una acción eléctrica. Además, hay momentos de bello lirismo, de complicidad y humor.

La diligencia lo contiene todo: incluso puede verse como una metáfora de la sociedad americana, o de la mejor América (y de los peligros que la acecharon y aún acechan). Es un festín cinematográfico, histórico, político y cultural para cualquier cinéfilo no anestesiado por las explosiones o los ensimismamientos contemporáneos. Una maravilla que fusionaba pasión, emoción y riesgo; y con gran éxito en taquilla, además.

Una película emocionante como pocas; seguramente sea de las obras más sabias, talentosas y entretenidas que se han realizado jamás.

¡Y ya está bien de tanto adjetivo!