STEVENSON Robert (1905-1986)

In Search of the Castaways (Los hijos del capitán Grant) (1962: 7.5)

1- Sorpresa en mi verano de 2013. ¿Habrá que reivindicar el alegre cine de Robert Stevenson?

2- ¿Puede uno admirar el cine incómodo y deslumbrante de un Haneke o un Béla Tarr y luego disfrutar impunemente con la producción de Disney llamada Los hijos del capitán Grant?

A la primera pregunta responderé que quizá sí, por qué no. Mary Poppins siempre me ha parecido una joya de color, formas, belleza melódica y democracia. Hay algo noble, bondadoso y divertidísimo en este cine. Habrá que descubrir a Robert Stevenson y su vibrante cine para todos los públicos.

A la segunda pregunta responderé que por supuesto. Faltaría más. Lo importante es que un cineasta consiga “algo” de buena ley: conmovernos, provocarnos, divertirnos, horrorizarnos, hacernos pensar. Y, claro está, hay que ser abiertos (muchos cinéfilos no lo son).

Los hijos del capitán Grant es un fiel exponente de la narrativa de Julio Verne. Hace poco, leyendo Viaje al centro de la Tierra, me asombraba del demencial arrojo del héroe que lideraba la expedición, un científico tan valiente como disparatado y quijotesco, incapaz de quedarse en su laboratorio rodeado de ratas y probetas… Trazando y siguiendo una aventura imposible, utópica, maravillosa; pero repleta de acción, misterio y curiosidad por el mundo. Y de ganas de conocimiento. Entre volcanes y monstruos insólitos.

Así es, con otros matices, In Search of the Castaways. Y tal es el perfil del personaje que encarna admirablemente Maurice Chevalier: un hombre sonriente, listo, despreocupado, un hombre sin miedo y sin esperanza. Un hombre bienhumorado que se pone a cantar en cualquier momento y que no duda en navegar hasta el fin del mundo con el fin de ayudar (de manera noble, bondadosa, desinteresada, divertida) a los hijos del capitán Grant.

Y qué decir de la encantadora Hayley Mills, la protagonista de Tú a Boston y yo a California o de esa maravilla llamada Cuando el viento silba: aquí ríe, canta, se entusiasma, pone morritos. Tan linda y cariñosa como jovial y valiente. Y no cejará en el empeño de encontrar a su papá, da igual si ha de ir a Sudamérica o Nueva Zelanda, sorteando todos los peligros imaginables. Y no imaginables. Y derrotando a malos tan malvados como el gran George Sanders, el peor monstruo en este naif parque de atracciones.

Este cine es pura humanidad, pura energía positiva; pone de buen humor y entretiene como una febril montaña rusa diseñada con la ayuda de simpatiquísimos efectos especiales que resaltan la irrealidad, el carácter casi onírico de la aventura.

Un gozo sin pozo.