WELLES Orson (1915-1985)

The Lady from Shanghai (La dama de Shanghái) (1947: 8.5)

El virtuosismo cinematográfico de Orson Welles está muy por encima de la trama, por momentos atropellada o confusa, de La dama de Shanghái.

El título de una comedia española de los noventa, Más que amor, frenesí, podría ser el resumen de esta película violenta y descreída de Welles. Frenesí en los comportamientos de los personajes y en la forma como la película está rodada y montada, como los espejos rotos del final.

Los primeros planos, intensos, sudorosos y, en el caso de la divina Rita Hayworth, bellísimos. Welles rodando cada momento, cada escena, como si estuviese inventando el cine. Intentando no hacer lo que otros habrían hecho en su lugar. Proponiendo tonos equívocos, planos desequilibrados, comicidad allí donde hay tragedia, ambigüedad moral y de intenciones, resignación vital como máscara para derrotar las desilusiones.

Ese Welles de los “fakes”, del nada es lo que parece.

Turbia, sinuosa, arrebatadora, experimental y plenamente artística, La dama de Shanghái hace añicos moldes, personalidades, amores y espejos, allí donde miremos. Más que escenas hay ráfagas, cortes, encuadres incómodos, rupturas godardianas más de un decenio antes de Godard.

Obra ultra-artística, y ajuste de cuentas de Welles a Hayworth, a la que he vuelto en julio de 2013.