FORD John (1894-1973)

Rio Grande (Río Grande) (1950: 8.0)

Tercera película de John Ford dedicada a la Caballería de los Estados Unidos de América. Los espectadores despistados se encontrarán con que Río Grande no es un western repleto de acción. Las refriegas entre la Caballería y los Apaches duran unos pocos minutos en el total de la cinta. 

Los westerns de Ford no son ni convencionales ni ortodoxos ni canónicos.

Río Grande es una película que, por encima de cualquier otra cosa, contiene los elementos más queridos por su director: líricos interludios musicales (el grupo Sons of the Pioneers), humor (centrado en el personaje de Victor McLaglen) y pudorosas escenas sentimentales de “amor cortés” (que no quita lo valiente) entre el portentoso John Wayne y la magnífica Maureen O’Hara.

Dos momentos sin trascendencia protagonizados por Maureen O’Hara, cerca del final, son los que más me gustan de la película. El primero es cuando Kirby (Wayne) está herido en la camilla y ella le toma la mano y le acompaña a paso rápido. El segundo sucede en la solemne ceremonia final, cuando ella, al compás de la música, mueve con gracia y alegría su sombrilla. Son momentos que se salen (como otros muchos, me da la sensación) de la idea de un guion previo. Momentos bellos, elocuentes, humanos, fordianos.

Lo que menos me interesa hoy (agosto, 2013) de esta película es la propia Caballería, con sus ideales de honor, patriotismo y obediencia a la autoridad (cuestión que me preocupa ahora mucho más tras haber leído Eichamann en Jerusalén, de H. Arendt). También opino que los citados números musicales, aunque bonitos, resultan excesivos. Esas canciones, en cualquier caso, son marca de fábrica de Ford, a quien le gustaba rebajar la tensión y la gravedad de los momentos importantes.

Película más relajada que intensa, sobre todo en su primera mitad, Río Grande retoma instantes de La diligencia y ya apunta hacia Centauros del desierto