ALLEN Woody (1935-_)

Another Woman (Otra mujer) (1988: 9.5)

Como los sorprendentes personajes que esboza la escritora Alice Munro en Too Much Happiness, la mujer que interpreta Gena Rowlands en Otra mujer teme la “demasiada felicidad”. Y como Doree, la protagonista del relato “Dimensions”, también Marion (Rowlands) podría llegar a preguntar y preguntarse: “What life?” ¿Qué vida?

Bajo el distinguido refugio de Bergman, me encuentro con un Woody Allen en su máximo esplendor; sin prisa, con pausa, perspicaz y hondo como siempre pero como nunca.

En esta película de Allen, como en otras, vemos a gentes cultivadas que, quizá por su propio cultivo (¿excesivo?), parecen más frágiles que otras personas. Se supone que aquellos que reflexionan más sobre la felicidad y la vida tienden a ser menos felices.

Una portentosa Gena Rowlands, en una de las más elevadas interpretaciones de la historia del cine, encabeza un extraordinario reparto femenino e incluso masculino. Rowlands es Marion, una mujer que alcanza una dolorosa epifanía cuando, a través de otra mujer (Mia Farrow), contempla su vida, con sus reprimidas emociones, como quien se asoma a un abismal espejo.

Elegante, humana y profunda, Another Woman es una cima en el arte cinematográfico de Allen y, sin duda, una de las mejores películas de la década de los ochenta. Una pieza breve y excelsa que, sin apenas humor, nos sobrecoge y obliga a contemplar nuestra vida.

Mi momento favorito quizá sea el beso del final entre Rowlands y Gene Hackman, que es tan dulce como, desde el futuro, devastador. En el cine de Allen, la idea de volver a empezar es casi una obligación moral. ¿Por qué no derrotar a la infelicidad? Mientras haya vida, habrá tiempo de intentar ser buenos y felices (agosto, 2013).