ALLEN Woody (1935-_)

Interiors (Interiores) (1978: 9.5)

1978. En un año clave en el que Hollywood se desmadraba hacia los más recónditos exteriores (Tiburón 2, Supermán, La noche de Halloween…), el gran Woody Allen reivindicó a Bergman y sus opresivos interiores. 

Renunciando incluso al humor (tras Annie Hall, La última noche de Boris Grushenko o El dormilón, que sí eran graciosas).

Ingmar. Allen hizo, por así decirse, su versión de Gritos y susurros pero, frente a Bergman, y aunque Interiores carezca de risas (excepto en el estupendo y vital personaje de Maureen Stapleton), el drama tiende a mantenerse en niveles de mayor levedad y menor desesperación que en el maestro sueco. 

Y todo ello pese a la desolación y, curiosamente, paz finales de Interiores, una obra que es, por cierto, muy superior a Gritos y susurros.

Dilemas. ¿Vivir o pensar la vida? ¿La ambición de crear y de creer que se crea, con sus escasas satisfacciones, abundantes rivalidades y sensación de fracaso o, por el contrario, la integración razonable en el mundo en que vivimos? 

Y, por otro lado, ¿una madre a quien querer, respetar, idolatrar, o de quien liberarse?

Dilemas humanos, vitales y artísticos de esta pieza estilizada y rotunda del gran Woody. 

Y siento y pienso hoy (finales de agosto, 2013) que Interiores es una de las cumbres de Allen. Y una obra maestra.