WILDER Billy (1906-2002)

Double Indemnity (Perdición) (1944: 9.0)

Dos grandes temas en Perdición: la Mujer-Gancho y el Asesinato Perfecto.

MUJER. Ella es Barbara Stanwyck. La Mujer Fatal. Mala por naturaleza (el naturalismo de la Bestia humana) e irresistible. Él es Fred MacMurray, que desde su inicial y mítica visita a la mansión de Stanwyck, se queda hipnotizado. “Esa mirada”, dice. Las cosas sólo pueden salir mal y salen mal.

ASESINATO. Como en todo crimen perfecto, hay algo imperfecto. El detalle con el que no se contaba, el perverso conejo en la chistera del destino. Porque el problema no es sólo matar sino saber hacerlo y convivir con ello. Saber disimular. No perder los nervios. Y tener un plan B, por si acaso los deseos humanos (como el film de Lang) descarrilan.

Y un tercer tema: la Ambición. El plan quizá les falla a los protagonistas por haber querido demasiado, por ser demasiado avariciosos. No sólo deseaban la indemnización por accidente sino la “doble indemnización” (la “double indemnity” del título original) por ser un accidente mortal producido en un tren.

WILDER. Tras El mayor y la menor y Cinco tumbas al Cairo, películas notables (en absoluto despreciables ni fallidas), Billy Wilder se consagró con esta película intensa e imponente de género negro, con guion de R. Chandler a partir de un libro de James M. Cain (el de El cartero siempre llama dos veces). Una película de guion perfecto, intérpretes excelsos (qué grande fue Edward G. Robinson) y un aroma de tragedia y determinismo desde el primer segundo, el que nos lleva desde el presente hacia atrás, el flashback de cómo MacMurray conoció a Stanwyck. Y ambos se condenaron.

Seguramente no sea aún el Wilder que muchos preferimos, el Wilder que llegaría después, más ácido y divertido, más cínico, sensible y profundo. Pero, en cualquier caso, Perdición es una joya y volver a ella tantos años después (septiembre, 2013) ha supuesto un mayúsculo deleite. Y perdonen la pedantería.