HAWKS Howard (1896-1977)

Bringing Up Baby (La fiera de mi niña) (1938: 7.5)

Imagina que viviéramos eternamente. Sólo nos quedaría tumbarnos en el suelo y aburrirnos a muerte.

(Fred Vargas, La tercera virgen, traducción del francés de Suárez Girard)

 

La fiera de mi niña destila alegría, optimismo y despreocupación. Asume, justo, que no viviremos eternamente; y que no hemos de aburrirnos. Felices años treinta, antes de la guerra contra Hitler. La vida no sólo no es eterna sino que merece la pena vivirse. Se respira un “carpe diem” fresco, rápido y feliz.

Es una historia difícil de resumir, protagonizada por un científico, David, y por una mujer alocada, Susan, empeñada en conquistarlo como sea. Caiga quien caiga. Las situaciones disparatadas o “slapstick” se suceden. Un leopardo manso pero inquieto y un perro que ha robado un hueso millonario completan el festín.

Como tantas películas de Hawks, La fiera de mi niña es una historia de amor encubierta. Pese a tener tonos y tramas completamente opuestos, La fiera de mi niña no es tan distinta de El sueño eterno. Un hombre, una mujer, una trama que avanza a toda velocidad, situaciones casi incomprensibles, cientos de dificultades, enamoramiento y final feliz. Y una protagonista femenina con tanta o más personalidad que el varón. La liberación de la mujer ya se anunciaba en los años treinta (pese a la influencia nociva de Freud, según leo en un libro de Sebreli).

Admitiendo el carácter paradigmático de esta “screwball comedy”, reconozco que no me ha fascinado ahora que la he vuelto a ver (septiembre, 2013). A pesar de que su inicio es brillante, con Cary Grant, su prometida y el brontosaurio, toda la parte central de la búsqueda del leopardo y del valioso hueso (la clavícula intercostal) que le falta al dichoso dinosaurio, me ha resultado algo repetitiva, incluso me atrevería a decir que vacua. Y aunque el film remonta sin duda en la parte final, con el disparatado desenlace y el surgimiento de un segundo y feroz leopardo, tengo la sensación de que hay algo en el film que ha envejecido mal. No su talante ni su ligereza argumental, es otra cosa.

De cualquier forma, sigue siendo una estupenda comedia, repleta de escenas entre ridículas y lúcidas, que revela el carácter abierto, divertido y liberal del director Hawks, y las indiscutibles dotes para la comedia de una divina Katharine Hepburn y del inmortal Cary Grant. En los años cincuenta, Hawks rodaría una especie de “remake” llamado Monkey Business (Me siento rejuvenecer), en la que repetiría Grant como científico, esta vez acompañado de Ginger Rogers, Marilyn Monroe y, en lugar de un leopardo, un chimpancé. A mí me gusta más que Bringing Up Baby. Igual de loca pero acaso menos optimista. Y con Marilyn: que es más felina y más mona.