ROSSELLINI Roberto (1906-1977)

Roma, città aperta (Roma, ciudad abierta) (1945: 9.0)

Estampas de septiembre de 2013 alrededor de Roma, ciudad abierta:

-En el último capítulo de El olvido de la razón, el filósofo argentino Juan José Sebreli casi pide disculpas por reivindicar el humanismo hoy: la posición central del individuo, la fe en el progreso, la ilustración, la historia, la ciencia, los derechos humanos, la democracia. Y ello porque ha dedicado varios cientos de páginas a repasar las tendencias irracionalistas (con tentaciones totalitarias o puramente lingüísticas) que marcaron el siglo XX a partir del sagrado influjo, sobre todo, de Nietzsche y Heidegger. Esos iconos de la extrema derecha y la extrema izquierda, además.

-Roma, ciudad abierta y, en general, las obras más famosas de Rossellini se crearon y estrenaron antes de que esa influencia irracionalista penetrara con naturalidad y pujanza en la vida cultural del mundo: en universidades, publicidad, música, filosofía, literatura, etc. No están contaminadas aún, digamos; o serán, según otros, antiguallas.

-Deduzco que aquellos lectores y espectadores que hoy, leyendo a Sebreli, lo tachen de rancio, reaccionario, conservador o altivo (o ingenuo) etnocéntrico, también pensarán que una obra como Roma, ciudad abierta (o acaso Paisà o Te querré siempre) merece epítetos similares. Pero menos: pues se produjo antes de las modas estructuralistas, deconstructoras, etc.

-Rossellini está en una tradición de cine de ficción caracterizada por la búsqueda de la verdad (por dura o cruel que pudiese ser), la ausencia de dogmatismo, la interacción entre las personas, el entorno y la propia ficción, la autenticidad de ambientes y conflictos, la falta de un guion elaborado, el compromiso anti-totalitario, la idea de “mostrar pero no demostrar”, la sobriedad de puesta en escena. 

-Sin embargo, Ángel Quintana, en su libro llamado Rossellini (en Cátedra), señala sagazmente cómo Roma, ciudad abierta no es en realidad lo más novedoso ni lo más “puro” en la filmografía de Rossellini. De hecho, por un lado, el director trabaja a partir de un guion bastante convencional y trabajado y, por otro, hace uso de estrategias para cumplir el cometido de su cine como “instrumento de concienciación moral”, en palabras de Quintana. Por momentos, a través del retrato de algunos personajes y por la propia planificación de varias escenas dramáticas, esa objetividad casi documental y poco intervencionista del cine de Rossellini se desvirtúa en breves dosis de panfleto y propaganda.

-Sana propaganda, vive Dios: mostrando la degradación y las carnicerías de los nazis (y los italianos colaboradores). Mostrando el sufrimiento del pueblo italiano: no en tanto que masa o “pueblo”, sino personas concretas, una a una; curas, niños, mujeres o comunistas. Pese a algunas y quizá comprensibles estrategias de persuasión, la posición de Rossellini es indudablemente humanista y en favor de la libertad y la democracia.

-Siendo todo esto verdad, añadiré que, vista desde los ojos de muchos espectadores del presente, acostumbrados a las series de televisión, la publicidad y el cine rápido y machacón, Roma, ciudad abierta seguramente sea demasiado sobria, lenta, poco subrayada, con escaso énfasis en los momentos más trágicos y con personajes no tan carismáticos como podrían haber sido en manos de un director joven y moderno del siglo XXI. Creo que una mayoría de espectadores actuales (no cinéfilos, acaso), y por no salirnos del tema nazi, preferirán obras más intensas y (todavía más) propagandistas como Kapò o La lista de Schindler; porque películas como las de Pontecorvo y Spielberg utilizan técnicas aún más modernas, en tanto que publicitarias, subjetivas y hasta populistas, a la hora de dramatizar sus conflictos y convencer al espectador.

-Roma, ciudad abierta, película que vi por primera vez en VHS en una sala audiovisual de la universidad Trinity College (Dublín), en mi año de Erasmus (curso 1996-97), me sigue pareciendo una obra imponente, un clásico que todos deberíamos conocer, al menos en Europa. Rossellini es un seguro de vida: verdad, humildad, compromiso y democracia. Creo que todas las películas de Rossellini que he visto me gustan mucho y de manera parecida. Quizás Alemania, año cero me impresionó incluso más. Acaso por aquel pobre niño y aquellas ruinas. Contra el olvido de la razón.