BERTOLUCCI Bernardo (1940-_)

La luna (La luna) (1979: 4.0)

La luna es una película absolutamente desequilibrada en torno a dos personajes absolutamente desequilibrados. Una madre cantante de ópera con tendencia al histerismo y su hijo adolescente, caprichoso y drogadicto.

Bertolucci, tras la monumental Novecento, y acaso deseando repetir el éxito escandaloso de El último tango en París de pocos años antes, decidió dar un paso al frente: ahora una relación incestuosa entre madre e hijo. ¿Por qué no? Pero yo me pregunto más bien desde el presente: ¿por qué, gran Bernardo, por qué?

Casi nada en la película es verosímil. No obstante, sus primeros minutos son estimulantes: empieza el film con enigma y pasión, ante el bello mar y con un baile alegre. Pero a partir de ahí, La luna inicia un descenso gradual e implacable hacia su propia nadería estrafalaria y de “qualité”. Todo muy controvertido en su momento, por lo que he leído. Normal: siempre lo será el incesto.

Casi cualquier plano y escena del film es una excusa para que Bertolucci intente su salto mortal: un capricho operístico, un quiebro estético, un impacto dramático, una coreografía seudo-godardiana o seudo-brechtiana (o incluso seudo-bertolucciana) de extravagantes movimientos. La parte final de La luna parece el torpe 8 y medio de Bertolucci: la divagación narrativa, dramática y meta-artística de un autor más errático que nunca.

Vista hoy (octubre, 2013), La luna es una enorme decepción. Más si cabe en un año en que he disfrutado como un loco con Tú y yo, una obra viva, auténtica y hermosísima de Bertolucci que algunos comentadores habían relacionado con La luna (por su temática y motivos), pero que para mí está en sus antípodas. Lo impostado frente a lo conmovedor. Lo heterodoxamente irritante frente a lo racionalmente sensible.

La luna, en su primera mitad, es una obra interesante, misteriosa, incluso pasable. Su segunda mitad se acerca al bodrio injustificable, sin apenas pies o cabeza. Le pongo un 4 de calificación, y no un 3 o un 2, por el respeto que me impone su insigne director. Y por si me he perdido algo entre imágenes, entre líneas: por si, en suma, estaba yo en la luna.