REY Florián (1894-1962)

Morena Clara (Morena Clara) (1936: 5.5)

Qué salero, qué folclore español tan jovial y “echao p'alante” justo antes de la terrible Guerra Civil. En Morena Clara vemos a gente feliz, despreocupada y, eso sí, muy decente. Y asistimos a un alegato en favor de los gitanos. Y puede verse como un tributo a la canción española, la pereza y la alegría, frente a la seriedad, la solemnidad y, por desgracia, la justicia. Ah, y que inventen ellos.

Veo la película en mi salón, en octubre de 2013, y mi novia oye desde el dormitorio cómo, de vez en cuando, me río. Es verdad: hay líneas de diálogo graciosas y morrocotudas, desplantes chulescos de Imperio Argentina y surrealistas chascarrillos de Miguel Ligero. Ambos son hermanos en la película y las estrellas de la función. Sobre todo ella, que está estupenda.

Y habría que hablar del virtuosismo de Florián Rey, el director. Ángulos y encuadres originales, movimientos de cámara esbeltos, coreografías simétricas, composiciones musicales y estéticas muy trabajadas (la influencia de Busby Berkeley, según dice Vicente J. Benet en su imprescindible El cine español: Una historia cultural), encuadres preciosistas y barrocos. Todo muy español y católico, aunque no beato ni grave, como sería casi todo tras la guerra. Y está la influencia andaluza por su lado arabizante. Hay escenarios del interior de la casa donde se desarrolla buena parte de la película que parecen calcados de la Alhambra de Granada.

No creo que Morena Clara sea una gran película, aunque se deja ver con una sonrisa en los labios. Como soy un rancio, me molestan los rasgos más populistas de la “cultura española” (más bien, andaluza), reivindicados para toda la eternidad. Y me incomoda el descrédito de la justicia: el personaje más negativo de la cinta es el fiscal algo xenófobo que primero acusa y juzga a Imperio Argentina pero luego se enamora de ella. Me disgusta, tanto en la cultura española actual como en la pasada, ese reaccionario individualismo español que abomina de las leyes pero dimite frente a las figuras autoritarias. Como si España no pudiera ser otra cosa. Como si, además, la vida en aquellos tiempos no hubiese sido más dura, más variada, menos folclórica. Como si la gente hubiera estado siempre cantando, bailando y soltando gracias, hablando como los personajes de Arniches o Mihura.

Para mí es una novedad, por otro lado, algo que leo en el libro de Vicente J. Benet sobre la creación de la “españolada”. Nacida en aquellos años, lo curioso es que fue vista por el Régimen Franquista como peligrosa o, al menos, sospechosa (incluso viniendo de artistas cercanos a la dictadura, como Florián Rey e Imperio Argentina), al poner el énfasis en la indolencia, el cante, la picaresca y cierta liberalidad de costumbres, en vez de cantar a bombo y platillo las glorias militares, imperiales, políticas y eclesiásticas; en vez de adherirse al viva la muerte. Morena Clara, guste más o menos, es lo contrario: viva la vida.