KUROSAWA Akira (1910-1998)

Tsubaki Sanjûrô (Sanjuro) (1962: 7.0)

Cuando, consumada la masacre y resuelto el conflicto, el violento héroe Sanjuro se despide de sus apocados samuráis, les dice esto: “Las espadas buenas de verdad se mantienen siempre envainadas”. Toda una declaración de principios.

Sanjuro está en la estela kurosawana de Los siete samuráis y Yojimbo pero es inferior a ambas: más superficial, menos seria, más paródica.

-Por eso he pensado de inmediato en el también japonés Takeshi Kitano. El héroe descarado, cínico y brutal (pero “bueno”) que encarna Toshiro Mifune en Sanjuro ha sido fuente de inspiración de Kitano: para la estupenda Zatoichi, entre otras.

-De ahí que la referencia a los westerns de Sergio Leone con Clint Eastwood sea evidente: el héroe individualista y enigmático, sin patria ni bandera, que se cambia de bando como de chaqueta y asesina con la misma facilidad que otros andan en bicicleta.

-Y, también, por eso uno puede pensar en el cine virtuoso y a veces banal de Tarantino. En concreto, la escena inicial de Sanjuro, con los nueve samuráis reunidos ante la llegada de Mifune, remite a Reservoir Dogs.

No siendo Sanjuro de lo más brillante de Akira Kurosawa, sí se caracteriza por alguna de las cualidades del gran maestro japonés: el dominio casi insolente del espacio y tiempo cinematográficos; una capacidad extraordinaria para escenificar momentos de acción; y una habilidad para construir plásticas y coordinadas coreografías de movimiento, tanto para la lucha como para las ingeniosas escenas de interiores.

He visto Sanjuro (en octubre de 2013) en mi pantalla doméstica de 32 pulgadas, por desgracia. Es una película para disfrutar en pantalla de cine: quizás en formato grande me habría gustado más.