LEVINSON Barry (1942-_)

Young Sherlock Holmes (El secreto de la pirámide) (1985: 6.5)

Cuando mis hermanas y yo éramos pequeños, El secreto de la pirámide era una de nuestras películas favoritas. Un estupendo exponente del cine de aventuras del Hollywood de los ochenta.

Una vez, la grabamos de la tele en una cinta VHS y se la dejé a un compañero de clase cuyo nombre he olvidado. Nunca me la devolvió. Mis hermanas estuvieron indignadas conmigo varios años. Todavía no hace mucho me lo seguían recordando: “¿Quién tiene El secreto de la pirámide?”

Ahora (octubre, 2013), con 37 años a la espalda y centenares de películas después, vuelvo a El secreto de la pirámide, que emite el canal Paramount, con curiosidad e ilusión. Y la película sigue funcionando bien, sobre todo en sus primeros 30 o 40 minutos. Cuando la trama desemboca en la pirámide egipcia y conocemos a la extraña secta que sacrifica mujeres, entonces la cosa se desinfla. Aunque no del todo.

El secreto de la pirámide, dirigida por Barry Levinson y con guion de Chris Columbus (director de taquillazos como Solo en casa y algún Harry Potter), atesora el encanto juvenil que caracterizó a tantas películas americanas de aquellos años. Películas dirigidas para niños, adolescentes y adultos marchosos. Acción, humor, aroma de cuento de hadas, aventura y primeros amores en escenarios muy conseguidos (aun con tendencia al cartón-piedra). El Bien y el Mal como categorías absolutas. Personajes atractivos, aquí nada menos que el joven Sherlock Holmes (Nicholas Rowe) y su compinche Watson (Alan Cox). Una historia interesante, juvenil y misteriosa que, por cierto, no escribió Conan Doyle. Bajo la sombra de Spielberg, que produce la película: él cambió la historia del cine a finales de los años 70 creando el “blockbuster” infantil para toda la familia.

Uno relaciona El secreto de la pirámide con el carácter lúdico y apasionado de Indiana Jones, los ingenios tecnológicos de Regreso el futuro, los efectos especiales de Cazafantasmas, los enigmáticos asesinatos de El nombre de la rosa (incluso con la atmósfera de mágica marginalidad que Tim Burton estaría aún incubando en aquellos tiempos): aquellas películas que a niños como yo nos causaron una gran conmoción en los ochenta. Puro entretenimiento. Uno ve ahora un Harry Potter y comprueba la simpática influencia que Young Sherlock Holmes (del polivalente y muy irregular Levinson) ha tenido hasta nuestros días.