ALMODÓVAR Pedro (1949-_)

¿Qué he hecho yo para merecer esto? (¿Qué he hecho yo para merecer esto?) (1984: 7.0)

¿Qué había hecho España para merecerse a este Almodóvar?

Acaso cuarenta años de franquismo y un lustro de barbuda transición encierren la respuesta.

Éste es el Almodóvar que algunos prefieren: más conectado con la sociedad que lo parió y alimentó, que le otorgó justa fama y dinero. Un Almodóvar atento, a su manera, a la España democrática que se modernizaba y enriquecía. Un director que ponía el foco sobre las mujeres secundarias y resistentes (como las mujeres de Fassbinder). Un Almodóvar que cabalgaba a lomos de un neorrealismo que no quería ser del todo berlanguiano (ni ferreriano) y que echaba mano tanto de un peculiar realismo mágico como de un sentido lúdico y relativista de la experiencia cotidiana y de los tópicos machistas de una España que, más allá o más acá de dictaduras, no iba a desaparecer de un día para otro.

Almodóvar hace uso del chascarrillo, lo vulgar y la brocha gorda. La supuesta liberación sexual se combina con imprevisibles aberraciones que chirrían (hoy, noviembre de 2013). Y el cariz de la heroína Carmen Maura, insatisfecha, infeliz y superviviente, es fácil hoy encadenarlo a la propia tradición femenina y liberadora de ÁtameLa flor de mi secreto o Volver. Y está la geografía urbana de un Madrid que se extendía a mediados de los ochenta, creando un extrarradio en las orillas de las grandes circunvalaciones de la ciudad, donde acaso ya se estaba incubando la cultura del pelotazo y los jóvenes de las afueras de la Movida morían y dejaban vivir.

En la película convive con naturalidad tanto la modernidad más rabiosa, drogadicta y Pop como la abuela rural (Chus Lampreave) que guarda las magdalenas bajo llave, la vecina puta e ingenua (Verónica Forqué), los policías surrealistas, el inspector impotente, el dentista vicioso, el escritor corrupto, un bruto taxista y un lagarto amaestrado. El cóctel de Almodóvar no es que agite conciencias, es que nos entretiene y predispone a favor de la mujer (las mujeres) de la película, que quiere dejar de ser una esclavizada comparsa para ganarse un respiro y un amor como Dios, al parecer, no mandaba.

El plano sostenido final sobre la gran Carmen Maura, tras despedir a su suegra y su hijo (que se van al pueblo), su llegada al piso vacío y la tentación suicida en el balcón, obtiene un brillante y compasivo colofón cuando, justo en ese instante crítico, ella divisa a su otro hijo, que va a visitarla y se quedará con ella, pues “hace falta un hombre en esta casa”. Sátira sentimental con tonos realistas, demenciales y paródicos, ¿Qué he hecho para merecer esto? es una película notable y valiosa del primer Almodóvar, aquel que aún no había alcanzado sus más altas cimas.