ALLEN Woody (1935-_)

Blue Jasmine (Blue Jasmine) (2013: 7.5)

Blue Jasmine no es una película ni grande ni pequeña de Woody Allen. 

Blue Jasmine es una película rara en la carrera de Allen. Una obra grave sobre una mujer deprimida y casi alcohólica que se refugia en casa de su hermana, de clase trabajadora, tras haberse arruinado. Su marido, como tantos otros, era un corrupto que se había enriquecido gracias a negocios sucios. Un hombre que, apresado, sentenciado y ya trastornado en prisión, se ahorca. Repitan conmigo: se ahorca. Esto sería algo imposible en nuestra España, como nos cuenta con salero Manuel Jabois en una estupenda columna suya.

Blue Jasmine es una obra notable y grave, como decimos, pero no en aquella senda profunda y bergmaniana en la que Allen alcanzó cimas excelsas como Interiores u Otra mujer. Ésta se encuentra, más bien, en la estela del cine del británico Mike Leigh, el drama con tintes cómicos, la comedia agridulce con brochazos sociales, económicos y políticos. Blue Jasmine es una obra que, en su parte final, acelera sorprendentemente hacia la desesperación de la protagonista. ¿Se estará agriando Allen, tendrá mala conciencia o pasará demasiado tiempo viendo películas de Haneke?

No me parece una obra con mayúsculas del gran Woody Allen. Y no porque sea de las menos divertidas que ha dirigido (que lo es). Pienso, más bien, que se debe a que carece de la personalidad o el encanto de otras muchas películas suyas. Por ejemplo, la reciente e infravalorada Midnight in Paris, que era tan leve como imprevisible, tan inteligente como irresistible. Quizá le sobre a Blue Jasmine algo de énfasis en la enfermedad del cuerpo y el alma de la protagonista; y acaso le falte más musicalidad, misterio, profundidad y alegría en el guion y la dirección.

Es un Allen, como si dijéramos, que se nos pone serio y se nos pone al día en las cuestiones socio-económicas del mundo globalizado. Un Allen que parece decirnos: “ojo, chicos, que sé quiénes son Chomsky y Madoff; ojo, nenes, que estoy al tanto de lo que pasa en el mundo real, fuera de mi burbuja neoyorquina”. A mí me parece un Allen muy entretenido (como siempre) pero menos auténtico, menos natural, como queriendo estar “comprometido” con aquellos que durante esta terrible crisis económica han sufrido y siguen sufriendo. Como esas mujeres que firmaban papeles, eran multimillonarias y no sabían por qué ni cómo tenían un Miró en el inodoro y un Ferrari en el jardín.

La película, faltaría más, contiene varios momentos brillantes y, ciertamente, es de las más tristes que haya rodado Allen en los últimos lustros (escribo en diciembre de 2013). El plano final sobre (la espléndida y oscarizable) Cate Blanchett es desolador y deprimente, ¿y alleniano?