GENINA Augusto (1892-1957)

Sin novedad en el Alcázar (Sin novedad en el Alcázar) (1940: 3.0)

Aquello sí que fue una Operación Triunfo.

L’assedio dell’Alcazar, coproducción hispano-italiana rodada al terminar nuestra guerra en los estudios de Cinecittà (y exteriores de Toledo), es narrativamente rudimentaria pero emocional e ideológicamente útil. Además de dramáticamente funcional. En aquel contexto.

El supuesto heroísmo, baza metodológica del film, lo hemos de imaginar porque Genina (que pretendía hacer, el muy incauto, algo así como un Potemkin de derechas) no nos lo muestra ni sugiere en imágenes. En este tipo de cine realizado por gentes de escaso talento una palabra vale más que mil imágenes: la “gloriosa” (según se nos cuenta) resistencia de los fascistas en el Alcázar de Toledo no se expone en imágenes, pese a lo torpes y reiterativas que son. Por el contrario, se nos explica con un lenguaje altisonante y falangista.

Los héroes Rafael Calvo y Fosco Giachetti (o Ciachetti) aburren a las ovejas pero, extrañamente, no aburren a las guapas mujeres del film, la decente Mireille Balin y la ligera de cascos y “umma-thurmaniana” María Denis. Pobres mujeres, aquellas (y tantas hoy, convertidos en tiestos): habían de aguantar el verbo florido, solemne y tedioso de los hombres y encima tenían que poner cara de estar interesadas e ilusionadas por lo que estos declamaban, por no decir enamoradas o hasta arrebatadas, en según qué ocasiones o fastos.

Retórica franquista y triunfal de 1940. Vende bien la mercancía el italiano Genina: es el apogeo de la resistencia de unos pocos pero corajudos “ilusos” que deseaban con todas sus fuerzas, y con la ayuda de Dios, “liberar” a España de los rojos, representados en su mayoría como feos traicioneros y malas bestias. Esos ilusos patriotas eran España, la Españade Franco, bien es cierto, pero la “verdadera” (una, grande, libre) y la única España posible: y hasta hoy (en determinadas gentes y seguidores del PP y en grupúsculos aún más a la derecha) alcanza tal palabrería febril, paralizante, opresiva y cerril.

Sin apenas matices ni estribillo variable, Sin novedad en el Alcázar es una genuina pieza más que interesante (que incluye algún breve momento de cierta vibración bélica o dramática), vista hoy, para hacerse una idea de la cultura (en su amplia extensión) que el franquismo consiguió imponer en España durante tantos lustros: con toda su potencia hasta finales de los años cincuenta, con notable destreza hasta mediados de los setenta y aún con matizados meandros hasta la actualidad de 2008 (aunque parece que Cospedal, Piqué o Gallardón se avergüenzan del “España se rompe”, del “Zapatero, traidor a los muertos” y demás barbaridades cuasi-nihilistas)