KIESLOWSKI Krzysztof (1941-1996)

Krótki film o milosci (No amarás) (1988: 9.5)

El título español, No amarás, no hace justicia al título polaco: “una breve película sobre el amor”. 

Inversión genial y conmovedora de La ventana indiscreta de Hitchcock. Aquí el que mira no es el hombre feliz y triunfador que contempla las desgracias, alegrías y crímenes ajenos. Aquí es un joven aburrido y obsesionado con la atractiva vecina de enfrente, que lleva una vida excitante y plena de encuentros sexuales pero que, como él, no logra ser feliz.

Kieslowski, con una sensibilidad ecuánime (casi diría que democrática), evitando las poetizantes tentaciones francesas o afrancesadas que perjudicarían su arte en los años noventa, nos regala una película muy hermosa y muy profunda en torno a la obsesión amorosa, la pasión idealizada, la compasión sexual y la crueldad culpable. Kieslowski domina a la perfección los tiempos y espacios de su film moral, sencillo en apariencia y ejecución pero que requiere de una pericia y una entrega abrumadoras por parte de su creador.

Frente a aquella ventana indiscreta del mundo capitalista, desde la que el hombre experimentado y normal (aun impedido) observaba con delectación las desventuras de personas más desequilibradas que él mismo (y se metía en líos por ello, con su amada Grace Kelly en segundo plano), el hombre que mira desde la ventana indiscreta de la Polonia tardocomunista, poco antes de la caída del Muro de Berlín, lo observa todo con avidez y morbo porque desea ser normal, amar y ser amado, para dejar atrás su desequilibrio adolescente (y también se mete en líos... pero de amor). 

Precisa, magnética y lírica en su desnuda sobriedad, Krótki film o milosci posiblemente sea la obra más perfecta y entrañable de Kieslowski y es para mí, sin duda, una de las mejores películas de la década de los ochenta. La interpretación de ella, el oscuro objeto de deseo del protagonista, es excepcional.

Así que seamos justos. Esa mujer se llamaba y sigue llamando (a finales de diciembre de 2013) Grazyna Szapolowska. Tan grande como Gena Rowlands. O más.