ALMODÓVAR Pedro (1949-_)

La ley del deseo (La ley del deseo) (1986: 6.5)

Despreocupación en las costumbres y, al mismo tiempo, individuos a flor de piel. Se atreven con todo pero parece que todo les diera igual. La pasión les guía, les ilumina tanto como les ciega.

Es la interesante paradoja de Almodóvar o, al menos, de aquel Almodóvar principiante de los ochenta que iba haciendo camino al andar: importa todo pero nada importa demasiado.

Aires de Movida Madrileña, apertura sexual y melodrama furibundo, aires ambiguos de Fassbinder y thriller de un Brian de Palma que en esos momentos era el “boss”. Aires lejanos incluso del Pasolini del arrabal homosexual y, también, anuncios de ¡Átame!, Tacones lejanosCarne trémula y de la tan infravalorada Los abrazos rotos.

Un Almodóvar, como casi siempre, asistido por guiones imposibles, forzadas vueltas de tuerca a la identidad sentimental y sexual de los personajes; insolente retrato disfrazado de la joven democracia española, vivido y rodado desde su desastrada y moderna capital, Madrid.

Un Almodóvar ayudado en sus conquistas (cinematográficas, sociales, internacionales) por las bravas interpretaciones de Eusebio Poncela, Carmen Maura y Antonio Banderas.

Una película que chirría, como tantas de Almodóvar, que chirría a la vez que interesa, que asombra por momentos, haciendo reír a veces (en ningún caso llorar) con su posmodernismo madrileño, su informalidad, sus cuerpos sufrientes y en pleno apogeo de las emociones, sus tramas que integran sub-tramas y meta-tramas que aúnan lo paródico, lo sentimental, lo sexual, lo criminal, lo satírico y el homenaje cinematográfico.

Un Almodóvar muy imperfecto pero interesante, oye, faltaría más.

(Enero, 2014)