JARMUSCH Jim (1953-_)

Down by Law (Bajo el peso de la ley) (1985: 4.0)

Hacía muchos años que tenía ganas de ver Down by Law. La decepción ha sido considerable.

En el CBA madrileño pasaban estos días de enero de 2014 un ciclo de Jim Jarmusch y me había dicho con entusiasmo: “por fin tendré la oportunidad de descubrir la joya de la que tanto me hablaba mi antiguo colega Michael, en nuestros tiempos de alumnos Erasmus en Dublín”. Michael era un alemán inteligente y descreído, alumno de Estudios Culturales y amante de lo más moderno en los noventa. Fan de Pavement pero no de los Rolling Stones, de Tom Waits y no de Dylan. Le divertían los westerns de Sergio Leone tanto como le repelían (por machistas, racistas y clásicos) los de John Wayne.

Ahora entiendo esos gustos algo mejor. Down by Law es cine posmoderno que apenas confía en la trama, los personajes, los pensamientos o sensaciones fuertes. Es la peor película de Jarmusch que he visto con diferencia. Ay, Michael.

Tengo, en cambio, un recuerdo magnífico de Stranger than Paradise, su película previa: lacónica, existencial, estilizada, misteriosa (quizá la sobrevaloré en su momento). En Bajo el peso de la ley, Jarmusch, tras unos estupendos primeros minutos, se queda a la deriva. La anécdota de la convivencia entre sus curiosos personajes, en la prisión y fuera de ella, se le agota bien pronto. Tras la evasión de la cárcel, las desventuras de los tres hombres por los pantanos no tienen ningún interés. Menos mal que está Roberto Benigni: es el único que, dentro de ese clima de humor a medio gas, tiene algo de gracia.

Esas escenas de los pantanos me han recordado, lo juro, una vieja película del Gordo y el Flaco llamada Africa Screams y, en español, nada menos que Las minas del rey Salmonete. Humor bobo de solemnidad. La ingenuidad “cool” y la estilización narrativa que Jarmusch le imprime a la cinta no son suficientes. Se queda la obra en las superficies estéticas, en lo banal-marginal, en una contención dramática que es seña de identidad pero que aquí carece de enigma y pasión. Esto le pasaría años después a Jarmusch, de nuevo, con la muy sobrevalorada Dead Man, que también tras un inicio inspirador se precipitaría por los abismos de la irrelevancia y las bromitas para universitarios ingeniosos.

Down by Law, en suma, parece un chiste para amiguetes, una broma para iniciados, chicos listos aficionados a Tom Waits, cosmopolitas que van de marginales pero bien engullidos por la plaga del diseño: las camisas, las botas, el pelo, el sombrero, las frases duras pero blandas. Todo muy calculado. Sin trama ni personajes fuertes a los que agarrarnos, sin honduras ni reflexiones que hacernos, lo que importa en Down by Law, finalmente, son los diseños, los diálogos cerebralmente informales y el “postureo” de los protagonistas.

Jarmusch aquí dio la de arena, mientras que con Stranger than Paradise, Ghost Dog o Flores rotas nos ha enseñado que, cuando se esfuerza y se toma su tiempo, es capaz de realizar películas que no sólo son “cool” y revisionistas sino también sólidas, bellas, extrañas y, como se dice en inglés, “thought-provoking”. Que provocan a nuestro pensamiento, vaya. Al contrario que, con perdón, estas minas del rey Jarmuschete.