KAR-WAI Wong (1959-_)

Yi dai zong shi (The Grandmaster) (2013: 5.0)

Tras una vigorosa media hora, con unas artes marciales elevadas a su más elevada condición estética por la varita virtuosa del director de orquesta Wong Kar-Wai, The Grandmaster comienza a adocenarse, enredarse, hasta ausentarse de sí misma. Llueve sobre mojado, amigo Wong.

Los últimos cuarenta y cinco minutos de la película me llegan a parecer sofocantes. Apenas aportan nada, y eso pese a que el diestro realizador se esforzaba por dejarnos una faena para el recuerdo, saliéndose del acrobático territorio del kung-fu y acudiendo a su melancolía “cool” de amores imposibles a través del catastrófico y esteticista paso del tiempo.

Wong Kar-Wai engullido por su propia estética irreal de complejas ralentizaciones, encuadres vistosos, movimientos elegantes y combates imposibles, en pos de una plástica que, en lo marcial, vuelve una y otra vez a la influyente Matrix (y al Yimou y el Ang Lee que también volaron por los aires) y, en lo sentimental y emotivo, diría que a autores tan variados como Antonioni, Godard o Resnais, sin verdadera pena ni presunta gloria.

La absoluta ausencia de confianza en “lo real”, aquello que está ahí realmente delante de la cámara, se paga caro. El manierismo de Wong Kar-Wai en la estilizada pero confusa The Grandmaster termina provocando picores, fatigas, somnolencia, aburrimiento. Pecado mortal en uno de los grandes maestros del cine moderno (febrero, 2014).