GODARD Jean-Luc (1930-_)

Les carabiniers (Los carabineros) (1963: 8.0)

Pop y agresión. Pero es que el pop es agresión. Y desenfado: enumeraciones, roturas de la sintaxis narrativa, esguinces de secuencia, tirones de imágenes incompletas. Y es dolor: por admitir la realidad “verdaderamente” y sus conquistas maltrechas, sus desdichas.

Les carabiniers no es una película bélica. La historia es lo de menos. El pop surge de esa indefinición eternamente adolescente, que sueña amores e ideales, que se angustia y encuentra salida en el sarcasmo (el que envía mensajes de texto a las tres de la madrugada tras cinco copas; y pasa lo que pasa, el desastre juvenil que se sufre en silencio, por no enseñar lo débil, estúpido, psicópata y naif que uno puede llegar a ser). De aquí a la agresión hay un paso: es el toque bélico de Godard, bañado en el desenfado que articula su cine, o este cine tan de Coutard como de Jean-Luc.

El borde entre la locura civilizada (así como de Ionesco) y la revolución cerebral (así como de Sartre) se queda entre alfileres en Les caribiniers, una película que no es una historia para tomarse en serio pues lo que importa son los nudos, los tendones, las articulaciones, todo lo que en el cine (y en la vida: casi todos son esquinas, curvas y ángulos) puede dislocarse, torcerse, quebrarse, romperse en mil pedazos.

Este Godard aún no roto ya apunta maneras (desenvueltas pero agresivas) de por dónde irán sus tiros. Godard siempre ha hecho cine bélico.

Por cierto. Aquí en Les caribiniers he visto una de las más salvajemente bellas e inocentes visiones cinematográficas: el joven soldado en su primera película en el cine (la primera vez que es espectador), intentando atrapar la imagen, ver más allá del límite de la pantalla (la línea de sombra, la travesía del horizonte), alcanzar lo que no está en la pantalla, rasgándola incluso, pero la imagen proyectada se queda. A día de hoy me parece un homenaje a Godard. ¿De Godard a sí mismo? No, del Cine a JLG.