MILIUS John (1944-_)

Conan the Barbarian (Conan, el bárbaro) (1982: 8.0)

“Let me be cruel, not unnnatural” (Hamlet hablándole a su corazón en Hamlet, 3.2).

 

Conan, el bárbaro es una estupenda fantasía épica de principios de los ochenta que, más allá de su origen literario concreto (Robert E. Howard), bebía en fuentes diversas: el género del Oeste, las películas de romanos, la imaginería grandiosa y mesiánica de Cecil B. DeMille, las leyendas medievales, el éxito reciente de Star Wars y las aventuras de Indiana Jones.

Por otro lado, la sombra de Conan sobre el subgénero de la fantasía y el “sword & sorcery” (espada y brujería) es evidente. Películas de los ochenta y noventa como WillowKrull, La princesa prometida o Lady Halcón, y algunas de géneros colindantes como Karate Kid, El secreto de la pirámide, Robin Hood o Braveheart contienen elementos que estaban primero en Conan. Sin embargo, frente a estas diversificaciones posteriores, algo caracteriza con severidad a este Conan de John Milius: su sobriedad dramática, su cruda violencia, sus bellas elipsis narrativas, su falta de humor (con pocas excepciones). Milius se tomó las aventuras de Conan muy en serio, comprometiéndose sin parodias ni malos humos con sus elementos éticos y morales más importantes: el heroísmo, la pureza, el individualismo, la venganza, el coraje, la lucha del Bien (y la belleza) contra el Mal (la fealdad). Al escepticismo frente a los hombres se le contrapone la confianza en el acero. El mundo es un valle de lágrimas donde el objetivo no es la felicidad sino vivir sin miedo y sin esperanza. Vengándose, de paso, de aquellos que asesinaron impunemente a los tuyos.

Desde una esquemática visión política, podríamos decir que Conan, el bárbaro es una película de derechas. Y muy buena, por cierto.

Quizá, como me ocurre con tantas películas, habría preferido que Conan, el bárbaro fuese algo más breve, diez o quince minutos menos. Y seguramente en su parte central haya dos o tres secuencias sobrantes, inverosímiles o innecesarias. Pero en conjunto es una formidable película de aventuras, amor (a la larga, imposible), fantasía y heroísmo que incluye notables efectos especiales, extraordinarios localizaciones (incluyendo la Ciudad Encantada de Cuenca) y combates espléndidos.

Frente a la espectacularidad y al endiablado ritmo de las estupendas adaptaciones de los libros de Tolkien en manos de Peter Jackson, frente a la complejidad dramática y jugosas pujas familiares y políticas de la excelente serie televisiva Juego de tronos, ver hoy día Conan, el bárbaro nos devuelve a una épica y una fantasía más férrea y firme, más ingenua y bruta, más cruda y sin llamamientos al espectáculo.

Como le pedía Hamlet a su corazón en la cita que abre esta pieza: déjame que sea cruel pero no antinatural (o artificial o forzado o postizo). Palabra de Conan, palabra de Milius.

(Julio, 2014)