LEAN David (1908-1991)

Doctor Zhivago (Doctor Zhivago) (1965: 9.0)

Doctor Zhivago es una de esas escasas películas totales a las que nada humano le es ajeno. No la veía desde mi época de acné. He vuelto a ella con 38 años y me ha encantado.

Nada de lo supuestamente demasiado “académico”, literario o artificioso de la cinta me ha molestado. Los actores, la fotografía, los paisajes (algunos españoles), la escenografía, la inolvidable música de Maurice Jarre, el guion de Robert Bolt, los detalles, los esbeltos movimientos de cámara (he pensado en Visconti y Preminger). Todo funciona de manera casi perfecta y mastodóntica en esta superproducción del gran David Lean, basada en la novela de Boris Pasternak (que leeré próximamente).

Y me pregunto en septiembre de 2014: ¿Me estaré volviendo un rancio, un conservador en mis gustos cinematográficos? Quizá algo haya de eso, no digo que no. Pero lo cierto es que mirar una película que se hizo desde la ambición, el cuidado por los detalles y la sensibilidad, y verificar en el presente que todos los elementos están vibrantemente ensamblados gracias al mimo, el talento y la pasión de sus creadores, es enriquecedor. En exteriores e interiores. A la luz de una vela y a pleno sol en un paisaje nevado. 

Una lección de trabajo y de vida. Con paciencia y virtuosismo. Ejemplaridad ética y cinematográfica.

Una película que, entre otros muchos asuntos de calado, como su bellísima historia de amor, nos muestra los avatares de unos personajes en circunstancias históricas extremas, la Revolución Rusa y su posterior régimen brutal. Y comprobamos cómo en épocas donde el fanatismo triunfa, es el ser humano el que es pisoteado, y sus sentimientos, pensamientos y emociones aplastados por una Causa mesiánica e inviable que pretende crear un mundo perfecto a golpe de asesinato. Lo que me lleva a un par de citas que tenía anotadas de la excepcional novela 1984, de Orwell, mucho más famosa que realmente leída.

En la primera, el perturbador O’Brian le dice al protagonista Winston, que ya ha sido apresado: “If you want a picture of the future, imagine a boot stamping on a human face –for ever”. Es decir: el futuro en forma de bota que pisotea eternamente un rostro humano. En la segunda, un Winston torturado se ve forzado finalmente a confesar sus crímenes contra el Partido: era creyente religioso, un admirador del capitalismo y un pervertido sexual. Crímenes terribles ante los ojos de un régimen totalitario como el soviético. Crímenes acaso no enteramente asimilados en países como el nuestro, donde aún a día de hoy existen personas que se enorgullecen de ser comunistas, o eso dicen, y se quedan tan anchas. Como si nada hubiera pasado y la Historia se redujera a una mera cuestión de subjetivas apetencias, bondadosas intenciones y ensimismamientos utópicos.

Doctor Zhivago es un hermoso clásico del séptimo arte. Y, es verdad que, como suele decirse, ya no se hacen películas así.