BROOKS James L. (1940-_)

Terms of Endearment (La fuerza del cariño) (1983: 9.5)

“La capacidad de los críticos de correr en auxilio del ganador es algo que nunca deja de asombrarme”, señalaba Juan Gómez-Jurado en el ABC Cultural hace unos meses (junio 2014); se refería en concreto a la premiada y popular novela de Donna Tartt El jilguero.

Sin embargo, no siempre es así. Sobre todo cuando hablamos de obras (utilizaré comillas) consideradas “sentimentales”, “folletines”, “románticas” o de “lágrima fácil”. Los críticos, ante tales peyorativos mamotretos, suelen mostrarse más severos, previsibles e inflexibles en sus juicios.

La fuerza del cariño es una de esas películas. Fue una ganadora: consiguió varios Oscars, incluyendo nada menos que el de mejor película. Pero muchos críticos evitaron auxiliarla. Los divido en dos grupos: los críticos más sesudos, ortodoxos y académicos, por un lado, y los más modernos, superficiales y gamberros, por otro. Ambos grupos la han menospreciado o la despachan con uno de los términos citados más arriba entre comillas. Estos críticos prefieren los cilicios o los tebeos, sin apenas término medio. 

¿Qué puedo decir por mí mismo? Que, en efecto, Terms of Endearment es una película sentimental, como sentimentales eran en el cine clásico las películas de McCarey o George Stevens, también algunas de Capra, Anthony Mann o John Ford. Y es cierto que también puede definirse como folletín, al menos en alguna de sus acepciones (madre e hija, amor y adulterio, incluso una enfermedad mortal…), pese a que es un término que no siempre ha tenido esa carga negativa que se le quiere dar. ¿No escribía Dickens folletines?

Por otro lado, no es propiamente una película romántica (¿romántico es Lord Byron, Alejandro Sanz o Tienes un email?) y tampoco creo que sea de lágrima fácil. Al menos, sí estoy plenamente seguro de que no soy un espectador de lágrima fácil: he llorado un poquito con ¿Qué verde era mi valle? o Eduardo Manostijeras, quizá también con La vida es bella, pero pocas veces más. Pues bien, alguna lágrima sí que he estado a punto de soltar mientras veía está película tan bella y ejemplar, tan cálida y triste pero nunca deprimente.

Con un uso de los saltos temporales enigmático y espléndido, un guion maravilloso, unas interpretaciones extraordinarias de Debra Winger, Shirley MacLaine y Jack Nicholson y una especial sensibilidad y elocuente empatía a la hora de mostrar sentimientos humanos repletos de complejidad, fragilidad y paradojas, James L. Brooks, uno de los directores norteamericanos más infravalorados de las últimas décadas, construye esta obra maestra, aún mejor que su sobresaliente Al filo de la noticia.

La fuerza del cariño es un valiente y nada demagógico film sentimental en el se nos hace sentir el paso del tiempo, la necesidad de amar y ser amado y la dificultad suprema de hacer feliz a todo el mundo, empezando por los más cercanos. 

Es una de las películas más conmovedoras de los años ochenta, sin duda, y un descomunal descubrimiento que hago en octubre de 2014.

Desconfiemos de los críticos académicos y de los gamberros, caras de la misma mezquina moneda.