LINKLATER Richard (1960-_)

Boyhood (Boyhood (Momentos de una vida)) (2014: 6.0)

PRESENTE: “Cuando uno es joven y vive ajeno a la realidad… cuando la felicidad consiste en dejarse arrastrar por los sentidos, uno percibe sólo el presente, y el futuro y el pasado pasan a un segundo plano, cuando no desaparecen por completo” (Julio Llamazares, Las lágrimas de San Lorenzo).

DURACIÓN: Dicen que 90 minutos en el Bernabéu son muy largos. En el cine, 165 minutos son muchos casi siempre. En Boyhood me sobran 45.

HARTAZGO: de lo norteamericano (en Boyhood), incluso en su tono más o menos paródico o liberal; hartazgo de lo adolescente y del imperio de los monosílabos y del imperio de la queja o la indiferencia; hartazgo de la falta de entusiasmo; repetición de “cool” hasta la estupidez. Méritos discutibles de Boyhood.

GUAY: incluso en los conflictos representados, Boyhood es demasiado guay, ¿saben? Demasiado higiénica, demasiado bonita e idealizada. Y en su conflictiva humanidad de Aquellos maravillosos años, incluso demasiado “inhumana”, es decir, más cerebral y calculada de lo que habría querido ser.

REFRÁN: Quien mucho abarca, poco aprieta. Sin duda, amigo Linklater.

AMBICIÓN (ver “Borges”, más abajo): Linklater, frente a su poética y esencial trilogía repleta de perspectivas auténticas y conmovedoras sobre la pareja, el amor y el paso del tiempo, se aferró en Boyhood a su “propuesta previa”, a su “experimento”; eso tan admirable e innovador de rodar una película durante doce años con los mismos actores, intentado capturar al máximo el “tiempo real”, la “vida real” (pero con actores que interpretan a seres de ficción, vaya por Dios). Boyhood será una película sobre el paso del tiempo pero es, en buena parte, tiempo inane, tiempo extenso, tiempo no seleccionado, tiempo no esforzado, tiempo no exprimido. Tiempo al tiempo.

PRETENSIÓN: Linklater en Boyhood como el ya citado Julio Llamazares en su novela Las lágrimas de San Lorenzo. Ideas bonitas, melancolía, instantes fugaces que aspiran a la eternidad. Pero exceso de pretensiones y, a la postre, cierta experimental rutina, cierta vacuidad ante lo obvio. Como esta cita de Llamazares: “Nos pasamos la mitad de la vida perdiendo el tiempo y la otra mitad queriendo recuperarlo, me dijo un día mi padre cuando ya a él le quedaba poco”.

CINE: en el cine (menos aún que en otras artes) no se puede perder el tiempo.

BORGES, “Del rigor en la ciencia”:

En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.