ATTENBOROUGH Richard (1923-_)

Cry Freedom (Grita libertad) (1987: 6.5)

Grita libertad es una película prestigiosa y premiada, de esas de “tema importante” que quizá compensen sus carencias artísticas con su etiqueta de “cine útil” o incluso necesario.

Grita libertad pertenece al subgénero llamado cine de denuncia, muy popular sobre todo en los setenta y durante la primera mitad de los ochenta, aunque ha seguido habiendo ejemplos posteriores. Pensemos en la línea que va de Sacco y Vanzetti (Montaldo) a En el nombre del padre (Sheridan), pasando por obras impactantes como El crimen de Cuenca (Miró), Desaparecido (Costa-Gavras), La noche de los lápices (Olivera) y un largo etcétera. Suelen considerarse películas “de izquierdas”, sobre todo cuando denuncian situaciones de colonialismo, tortura u opresión en regímenes de derechas. Es un tipo de cine que grita, muestra y protesta y que no desea pasar desapercibido. 

Grita libertad es más moderada en su ideología, por así decirse (¡incluso socialdemócrata!), pero sus estrategias son similares a las de las obras mencionadas: intensidad dramática, maniqueísmo, el esquema verdugos contra mártires y cierto sensacionalismo para reforzar la muy justa denuncia. En este caso, hablamos de la terrible segregación racial que existía en Sudáfrica, con Nelson Mandela aún en la cárcel.

Cry Freedom se basa en una historia real y un libro real escrito por el periodista que en la película interpreta, sin demasiada chispa, Kevin Kline. El héroe y mártir de la obra es un activista negro torturado y asesinado por ser demasiado valiente; un joven y potente Denzel Washington. Ambos personajes, el periodista blanco y el activista negro, se hacen amigos en un contexto terrible de apartheid que no facilitaba precisamente este tipo de relaciones...

Lo que me parece más curioso de la película es su paralelismo, en su parte final, con Sonrisas y lágrimas: la familia buena y todas sus hijas escapándose del país, huyendo de los opresores. Pero sin cánticos ni éxtasis.

Grita libertad es ese tipo de obra a la que quizá se refería Isaiah Berlin en su ensayo “El compromiso artístico: un legado ruso” (en El sentido de la realidad, traducción de P. Cifuentes). Cito: “Admite (Belinsky) que incluso una pieza inferior de belles-lettres, si es socialmente importante, si contiene ideas, plantea problemas, puede, en ocasiones, cautivarnos personalmente más profundamente que una obra de arte”.

No sé si tan profundamente, pero por ahí van los tiros. 

(Diciembre, 2014)