TAVERNIER Bertrand (1941-_)

La vie et rien d’autre (La vida y nada más) (1989: 5.0)

Hace ya unos quince años, en León, con motivo de un mini-ciclo de películas de Bertrand Tavernier (patrocinado por Caja España, si no recuerdo mal), mi amigo irlandés Alfred me decía, mofándose: “Estos franceses, qué pretenciosos pueden ser: mira que titular una película La vida y nada más…”.

En aquel mini-ciclo vimos Hoy empieza todo, Un domingo en el campo La carnaza, si no recuerdo mal, pero no La vida y nada más. Ahora, en enero de 2015, la veo y casi no logro detectar la mirada amplia y habitualmente compleja de Bertrand Tavernier. Tampoco demasiadas pretensiones, dicho sea de paso… y pese a su relamido título, es cierto. 

Pero es que el buen Tavernier no estaba ahí en sus mejores años, después de La pasión de Beatriz y antes de Daddy Nostalgie, dos películas entre regulares y malas. Años algo pomposos, errados, que repercutían en un cine más tedioso que profundo, más megalómano que logrado. Aroma de alcanfor.

Película larga y sin apenas peripecias de interés en torno a la inmediata posguerra de la sangrienta Primera Guerra Mundial en Francia, y sobre la búsqueda y el reconocimiento de hombres desaparecidos en combate, La vida y nada más es una obra que se sostiene gracias a cierta solidez narrativa y por el carisma de Philippe Noiret, que encarna a uno de esos héroes resbaladizos, comprometidos y sin demasiado encanto que tan bien ha retratado Tavernier.

El director francés alterna luces y sombras dramáticas con un argumento anodino, combina paisajes exteriores estupendos con interiores postizos (por momentos he pensado en el Godard de Todo va bien, lo juro). Todo ello sin demasiada brillantez ni gracia ni puntería.

Epílogo en defensa de Tavernier. El director belga Jean-Pierre Dardenne, entrevistado junto con su hermano por L. Martínez hace unos meses en El Cultural (octubre, 2014), señalaba algo muy sensato e higiénico que creo que siempre puede aplicarse, más allá de su calidad o acierto puntual, al cine de Tavernier: “La realidad es otra cosa. No entendemos que el mundo pueda ser entendido así, partido por la mitad entre buenos y malos, explotadores y explotados. Por lo menos el mundo de hoy. Ni el mundo ni, por supuesto, el propio cine”. Palabra de cineastas de la izquierda práctica, objetiva y razonable que no juega a Walt Disney, en efecto.