ULLMANN Liv (1938-_)

Miss Julie (La señorita Julia) (2014: 4.0)

En el prólogo del ejemplar de La señorita Julia que he leído (Editorial Sopec) se incluye un prólogo del autor, el sueco August Strindberg (1849-1912), donde explica “el triste destino” de su protagonista:

 

Yo aquí justifico el triste destino de la señorita Julia con numerosas circunstancias: los instintos elementales de su madre; la educación equivocada que recibió de su padre; su propio carácter y la influencia de su prometido en su cerebro débil y degenerado; y, más todavía: el ambiente festivo de la noche de San Juan; la ausencia de su padre; la menstruación; el contacto con animales; y la influencia excitante del baile; la penumbra nocturna; la fuerte influencia afrodisíaca de las flores; y, finalmente, el azar, que conduce a los dos, juntos, a una habitación apartada, además de la iniciativa del hombre excitado.

 

La adaptación cinematográfica de la veterana actriz y directora Liv Ullmann apenas muestra o sugiere esos motivos enumerados por Strindberg. De tal forma que, como me comentaba mi mujer tras la película, hay comportamientos y diálogos que no se entienden nada bien.

Mientras que la obra de teatro, leída (o representada, la vi hace varios años en el Auditorio de León), es breve, desnuda, intensa, sin asomo de romanticismo, la película de Ullmann mezcla romanticismo con naturalismo sin inspiración, atropelladamente. La película se engola en sus diálogos, en su mensaje "social" o feminista, en sus aspavientos dramáticos, en cierta sobreactuación de los dos actores principales, Jessica Chastain y Colin Farrell.

Digamos que uno lee La señorita Julia y se imagina una película austera y vehemente de 80 minutos. No una película de 130 minutos que gravita entre el preciosismo y la confusión de tonos y temas. Uno lee La señorita Julia y sí sospecha, a priori, que Liv Ullmann podría ser una directora de cine muy adecuada si tenemos en cuenta el argumento, la nacionalidad, las motivaciones dramáticas y el estilo. Pensamos de inmediato en la conexión entre Strindberg e Ingmar Bergman y desembocamos naturalmente en Ullmann.

Pero luego vemos la película y uno termina preguntándose y añorando qué habría hecho Haneke a partir del texto dramático de Strindberg. O el difunto Chabrol. O Mike Leigh. O Polanski. Mal asunto. 

Más que mala, La señorita Julia es una película equivocada que, por si fuera poco, va enmadejándose aún más en su segunda mitad, tras la escena de amor; dudo que los no conocedores de la obra teatral de Strindberg comprendan cabalmente qué ocurre y por qué en este film. O quizá sí lo comprendan más o menos, de acuerdo, pero se dirán: qué raro y embrollado es todo esto…

(Enero, 2015)