NEWMAN Paul (1925-2008)

The Shadow Box (La caja oscura) (1980: 9.0)

La caja oscura, desde su aparente sencillez compositiva y dramática, es una película original y extraordinaria en muchos sentidos y, desde un punto de vista humano, ético y pedagógico, una obra ejemplar. Está dirigida por el muy infravalorado, en su faceta como director, Paul Newman (también grandioso actor, claro).

El teatro y la televisión (para que luego digan) se funden en The Shadow Box con sutil perfección para ofrecernos una de las mejores películas de los años ochenta, sorprendentemente desconocida y despreciada. Un arte cinematográfico no menos elevado y existencial, pero sí más humilde, que el Bergman de Fanny y Alexander, el Erice de El Sur, el Huston de Dublineses o el James L. Brooks de La fuerza del cariño. Para mí, cuatro cimas de los años ochenta. 

Asistimos, en The Shadow Box, a momentos de intensidad matizada y desnuda autenticidad, algunos casi fordianos. Newman, sin aspavientos y yendo al grano, demuestra que es un gigante de la puesta en escena y la dirección de actores.

Dan ganas de vivir más y mejor, no de morir, tras ver esta bella película sobre tres personajes en sus últimos días. Rodeados de familiares, parejas o amigos.

Y ahora prefiero cederle la palabra a Jesús Cortés, que ha escrito de manera acertada sobre esta película en Un blog comme les autres:

 

The shadow box se erige en una de las grandes obras maestras del melodrama y es mi película favorita de cuantas ha realizado [Paul Newman].

Esta atemperada y luminosa crónica sobre cómo sobrellevan la enfermedad de alguno de sus seres queridos tres familias durante un día de retiro campestre para pacientes terminales está jalonada por algunos de los momentos más acongojantes y sobrecogedoramente emocionantes que ha dado el cine en los últimos 30 años, sin resultar nunca lacrimógena, respetando en todo momento la intimidad de los personajes, sin artificios para provocar la reacción del espectador.

No sale uno de su proyección concienciado sobre problemas sociales o con el ánimo hecho añicos sino recompensado por haber compartido en la distancia y al mismo tiempo con tanta cercanía muchos sentimientos vividos intensamente, que es el efecto del gran melodrama de otras épocas.

 

Epílogo o definición en negativo. Citaba el año pasado Antonio Muñoz Molina en un artículo, “Fiebre de saber” (Babelia, abril 2014), unas palabras de Nietzsche que creo que definen justamente aquello que no hizo el director Paul Newman: “…enturbian el agua para que parezca profunda”. Lo más opuesto a su cine claro y lúcido en esta valiente aproximación al tema pavoroso por excelencia, la muerte.

(Enero, 2015)