NOLAN Christopher (1970-_)

Interstellar (Interstellar) (2014: 6.0)

Hace más de cuatro décadas nuestro dibujante Forges tuvo dotes de adivinación y explicó la película Interstellar con una simple viñeta. En ella, un oficinista le dice a otro: “Pues he preparado un informe de ochocientos folios sobre no sé qué, que me ha quedado sublime” (publicada en Informaciones, 1964-1973, e incluida en una antología de Forges).

Christopher Nolan ha realizado una película de casi tres horas sobre no se sabe qué, pero le ha quedado sublime. Excepto cien expertos y un millón de enterados, dudo que nadie comprenda casi nada; pero, eso sí, todo en esta obra es fulgurante, solemne e intergaláctico. Nada puede ser más sublime que la curvatura del espacio-tiempo.

Si nos ponemos matemáticos, diremos que la Ecuación Nolan podría expresarse así: 

Kubrick + Batiburrillo.

Cuando escribo Kubrick me refiero sobre todo a 2001, por supuesto.

Cuando digo batiburrillo me refiero al argumento, las referencias cinematográficas, la narración, los conceptos científicos (al menos, para mí) y hasta una “filosofía” que fusiona física, astronomía, misticismo, apocalipsis, religión y tecnología con ceremonial boato. En todo caso, y como en tantas otras extasiadas películas norteamericanas, el meollo narrativo se resume en que el Héroe se reúne finalmente con su Familia, o al menos lo intenta. Como en Origen, La guerra de los mundos, Independence Day y un largo etcétera. Pues es muy importante salvar el planeta Tierra, claro que sí, pero más aún salvar al chaval o la abuela. Nada más comprensible: la épica necesita modelos o ejemplos específicos, personas de carne y hueso como tú y como yo. El universal concreto, que diría el gran filósofo Javier Gomá. 

Interstellar impresiona: no es ninguna broma. Nolan nunca bromea, el hombre. Los efectos especiales son mastodónticos, imponentes, vertiginosos. Como ejemplo, la gigantesca ola que se levanta en un mar de uno de los lejanísimos planetas donde aterrizan nuestros protagonistas buscando un lugar donde la raza humana pueda sobrevivir. O el agujero negro (o agujero gusano, no recuerdo) llamado Gargantúa: qué pavor, qué barbaridad, qué vacío, qué infinito. 

Nada de bromas. Las películas de Nolan, a su manera, molan. 

(Enero, 2015)