JARMUSCH Jim (1953-_)

Mystery Train (Mystery train) (1989: 6.5)

No sé si, en mi modesta afición de crítico de cine sin beneficio, estoy en un período de transición. Yo diría que sí. Leo algunas cosas que escribí, digamos, en 2008 o 2009 y, por momentos, apenas me reconozco (ahora estoy escribiendo en febrero de 2015). Eso por no ir aún más atrás, donde el que escribía era definitivamente “otro”.

Hace unos años Mystery Train me habría parecido una cima, lo sé. Hace años El color púrpura me habría resultado, posiblemente, una inflada tontería sentimental. Pero veo ahora ambas películas de los ochenta y me gusta casi más la de Steven Spielberg, qué cosas. Donde una, la del marginal Jim Jarmusch, aporta perfección estilística, modernidad, misterio y heterodoxia argumental y narrativa, la otra, la del industrial Spielberg, contiene buenas dosis de emoción, temas importantes, interpretaciones espléndidas y un gran esfuerzo de producción.

Lo que, por así decirse, El color púrpura tiene de sustancia, Mystery Train lo tiene de estilo. Lo que admiramos en la película de Jarmusch, la “coolness” minimalista (similar a la de Kaurismäki) y el ingenioso ensamblaje de las mini-tramas en el espacio-tiempo cinematográfico (que acaso influyera en Tarantino) es lo que echamos en falta en la algo aparatosa El color púrpura. Mientras, todo lo que nos inspira en la obra de Spielberg, esa capacidad de conmocionar (como hacía décadas un George Stevens, por ejemplo), el compromiso con esos personajes de vida tan dura y azarosa y un férreo y clásico guion capaz de exponer múltiples y variadas escenas de vida humana, todo eso es lo que no podemos encontrar en la película de Jarmusch.

Me gustan ambas películas, vaya, las dos tienen sus méritos objetivos; ahora soy más o menos equidistante. Sí creo que ninguna de las dos es gran cine, cine sobresaliente. No el cine que a mí más me inquieta, me admira o me conquista, no señor.