CUKOR George (1899-1983)

Rich and Famous (Ricas y famosas) (1981: 5.5)

Veo en febrero de 2015 Ricas y famosas, la última película del elegante y refinado George Cukor. Me deja un sabor agridulce. Algo parecido a la despedida de otro grande en los años ochenta, Billy Wilder, con Aquí, un amigo.

Rich and Famous es distinguida en sus proporciones, fotografía, vestuario y escenografía. Da la impresión de que el ya anciano Cukor intentaba acercarse a los “nuevos tiempos” sin perder su compostura y sin rebajarse en estilo y puesta en escena. No obstante, y en especial en su segunda mitad, la película se despeña en vericuetos dramáticos y narrativos que a este espectador le han parecido inconcebibles. Detecto planteamientos de base, además de varios instantes y diálogos, que chirrían, y no poco. Y la elección de actrices es bastante discutible.

Inconcebible, o digamos mejor inverosímil, me parece la relación de supuesta amistad entre las dos amigas protagonistas, Liz y Merry Noel: no parecen amigas en casi ningún momento. Inverosímil es, ya al principio, la reacción del personaje que interpreta Jacqueline Bisset (Liz) cuando su compañera iletrada, encarnada por Candice Bergen (Merry Noel), le confiesa que también ella ha escrito un libro, despertando unas tremebundas envidias en la intelectual. ¿Está justificado ese histerismo repentino y nada disimulado?

Inverosímil es que Merry Noel, al final de la cinta, diga que nunca sospechó que su amiga podía haber estado enamorada de su marido... ¿De verdad? Debía de ser la única persona, fuera o dentro de la película, que no lo había sospechado. Inverosímil me parece que el personaje que interpreta la guapísima Jacqueline Bisset no pueda, supuestamente, encontrar novio o marido. En esta línea, inverosímiles resultan, por un lado, la escena de sexo en el avión y, por otro, la escena de seducción de Liz por la calle: es abordada con éxito por un muchacho cursi, tan musculoso como insoportable, de dieciocho años. Inverosímil es, también, que ella luego se enamore de un chico de veintidós años que trabaja (o eso dice) para la revista Rolling Stone. Un nene que cita a T. S. Eliot sin inmutarse... ¡eso no se lo cree nadie! Empezando por el propio Cukor, pienso yo…

Inverosímil, a mi modo de ver, es que Liz se queje a veces del poco dinero que tiene y que veamos cómo, en efecto, vive en una casa pequeña y más bien ruinosa; sin embargo, ella es, por lo que hemos deducido, una académica de cierto prestigio que escribe libros complejos y que incluso da conferencias. ¿Y tan poco le pagaban que no se podía permitir un lugar mejor o una ropa más lucida? 

Saliéndonos del campo de lo inconcebible o inverosímil, tampoco son demasiado relevantes ni originales ni profundas, sino más bien manidas y superficiales, las reflexiones que puedan deducirse sobre la tarea de escribir, ni aquellas en torno a la literatura “seria” frente a la literatura “comercial” (o “trash”). Por no hablar de otras potenciales reflexiones sobre la edad, el envejecimiento o la primacía del cuerpo juvenil y de las apariencias en los años ochenta. ¿Y la amistad? ¿Qué aprendemos sobre la amistad en esta película? Poca cosa, diría yo.

Dicho todo esto, podría parecer que no me ha gustado nada la película y, por el contrario, opino que es una cinta interesante en todo momento, con un fondo muy amargo. Una película, insisto, elegante, distinguida, clásica en su construcción pero que, no obstante, y como he intentado enumerar más arriba, se construye en lo dramático y narrativo a partir de fundamentos y situaciones que en buena medida encuentro increíbles. Pero quizá sean cosas mías...

EPÍLOGO. He comprobado estos días con cierta desazón que dos gigantes de la crítica cinematográfica en España, Miguel Marías y Vicente Molina Foix, hace más de treinta años pusieron Ricas y famosas por las nubes. ¿Estaré haciendo algo mal, se trata de mi falta de buen gusto o qué?