HUSTON John (1906-1987)

Annie (Annie) (1982: 6.0)

De pronto, en 1982 se estrenó una película musical que parecía de otra época. De hecho, se desarrolla en los EEUU de los años treinta, durante el mandato de Franklin D. Roosevelt.

Un musical con el protagonismo de una niña, la actriz Aileen Quinn (de curioso parecido con Harpo Marx), que no llegó a ser esa niña prodigio que años atrás sí había sido una Shirley Temple (Heidi, La pequeña princesa).

Annie es un musical con reminiscencias clásicas, alegres y nobles; nos acordamos de Gigi, Sonrisas y lágrimas o Mary Poppins. Un musical que juega la baza dickensiana de la niña huérfana: digamos que Annie es un Oliver Twist (aquí recordamos el musical Oliver de Carol Reed) femenino y pelirrojo que canta y baila y logra enamorar a un anciano republicano y capitalista (Albert Finney) y a su sensible y elástica secretaría (una espléndida Ann Reinking).

Annie es una fábula bienintencionada de buenos y malos. Los buenos son los ricos y las niñas huérfanas. Los malos son, por un lado, los espías que quieren matar al capitalista, y por otro, una pareja de pobres, pícaros y ladrones, que se hacen pasar por los padres de Annie. La película contiene demasiados números musicales, algunos ellos, sin embargo, de gran mérito. E incluye incluso una escena rebelde en un dormitorio, donde las niñas rompen en pedazos sus almohadas, que nos hace pensar en Cero en conducta de Jean Vigo.

¿En qué estaría pensando John Huston en 1982 para dirigir esta rareza fuera de su tiempo? ¿Qué tipo de público tenía Huston en mente al realizar esta obra en una época donde ya triunfaban entre los más jóvenes y las familias los directores de “lo sobrenatural” como Spielberg, Cameron, Reitman, Dante, Donner, Henson o Zemeckis?

No lo sabemos. Pero es obvio que los años ochenta fueron raros e inconsistentes para el anciano Huston. Tan capaz de despedirse del mundo y del cine con una de sus mejores películas, Dublineses, como de firmar seguramente su peor obra, ese bobo thriller llamado Phobia