MALLE Louis (1932-1995)

Au revoir les enfants (Adiós, muchachos) (1987: 9.5)

Obra artística ejemplar, Adiós, muchachos es una hermosa y veraz historia de iniciación a la vida adulta enmarcada en un internado de chicos durante la Francia ocupada por los nazis.

Película de amistad, lealtad y camaradería, Adiós, muchachos emerge por fortuna más allá del “arte” del cineasta Louis Malle, que no se inmiscuye de manera innecesaria entre el espectador y las imágenes.

En tanto que película de niños que intuyen su mortalidad (Javier Gomá, Aquiles en el Gineceo), se incardina a la formidable tradición de obras de aprendizaje como ¡Qué verde era mi valle!Los cuatrocientos golpes, Cinema paradiso o El club de los poetas muertos, por mencionar algunas muy famosas. En tanto que alegato en favor de la ciudadanía fraternal y responsable, pertenece a la casta invencible de Esta tierra es mía, obra poco valorada de Jean Renoir; por “pedagógica” y poco artística, vaya por Dios…

Au revoir les enfants es una de esas películas que contiene un mundo, pero no un mundo nacido de la imaginación esforzada, estrafalaria o maquiavélica de un artista divino. Se constituye, más bien, como una fiel reproducción artística de nuestro mundo que nos reconcilia con el arte que además de ser bello es útil. Hablamos de un mundo retratado en sus aspectos más humanos (con su maldad y su bondad) e igualitarios (Gomá, Ejemplaridad pública): la épica, los miedos, las costumbres reconocibles, la inmediata identificación del espectador con los dilemas del vivir, el sentir y el morir de unos niños franceses de 1944.

Adiós, muchachos no es una película que nos deje boquiabiertos ni abrumados. Algunos ciudadanos y espectadores ya estamos algo hastiados del prestigio desorbitado de demasiadas obras vacuas, grandilocuentes y extravagantes. Películas que son así porque sus narcisistas directores han llegado a la conclusión de que ellos son más importantes que las historias que cuentan.

Adiós, muchachos, con sensible precisión y sin ornamentos, comparte con nosotros las vidas azarosas, interesantes y sufrientes de unos muchachos en un contexto terrible. El espectador atento y educado saldrá edificado y fortalecido, pese a la dureza del drama, de esta experiencia vital y cinematográfica.

Al final de la cinta, con el apresamiento de los tres niños judíos en el internado, el cura a quien los nazis también han detenido se despide de sus alumnos así: “Adiós, muchachos”.

Y parecería que un esperanzado (Gomá, Necesario pero imposible) eco interior le replica, pese a la muerte inminente, y nos alienta a la vez que nos previene: “Hola, ciudadanos”.  

(Junio, 2015)