SUÁREZ Gonzalo (1934-_)

Remando al viento (Remando al viento) (1988: 9.0)

 ¡Desdichados los que no servimos para el éxtasis! ¿Quién nos auxiliará?

(Tiempo de silencio, Luis Martín Santos)

 

Remando al viento es una película:

Bellísima como las playas de Asturias, peligrosa como sus acantilados, extraña y distinguida como una jirafa en Venecia, terrorífica como el maravilloso Frankenstein de Mary Shelley, arriesgada como el cine de Buñuel, irreal y precisa como una pintura de Magritte, metafórica como los artistas simbolistas, romántica como la poesía de Lord Byron e hiperbólica como la de Percy B. Shelley, amanerada y lúcida como la literatura de Oscar Wilde, exuberante y humana como las novelas de D.H. Lawrence (Sons and Lovers), metaliteraria como los libros de Vila-Matas, sensual y algo naif como la joven Elizabeth Hurley, pretenciosa y valiente como un pavo real al borde de un precipicio. Imprevisible como la obra de Gonzalo Suárez.

Remando al viento, protagonizada mayoritariamente por actores ingleses, y sin parecer en ningún momento una película española, es una de las grandes películas españolas de los años ochenta. Una obra sustentada en unas imágenes despojadas de toda vulgaridad y enardecida por la música arrebatadora de Ralph Vaughan Williams: “Fantasia on a Theme by William Tallis”.

El romanticismo de Remando al viento, con su distinguida y ambigua fascinación por la muerte y por las ficciones que se hacen reales y devoran a sus creadores, no es lo más poderoso de la cinta. Lo más valioso de la película es su insinuante reivindicación de la belleza de la naturaleza y de las personas y su estética pero coherente evocación de la fragilidad de la vida.

Un cine seductor e irreductible a la dicotomía cerebro-corazón. A su manera extravagante, una película universal y conmovedora. Y española. 

(Julio, 2015)