HAWKS Howard (1896-1977)

Land of the Pharaohs (Tierra de faraones) (1955: 6.5)

Entre la notable comedia Los caballeros las prefieren rubias y el western maestro Río Bravo, el polivalente Howard Hawks dirigió en 1955 Tierra de faraones, cine histórico ambientado en el Antiguo Egipto. Sin duda, una de sus películas más flojas, lo cual no significa que no contenga aspectos atractivos. Sobre todo en su segunda mitad, cuando los resortes narrativos se ponen en marcha para conducirnos al brillante final dentro de la pirámide.

Impresiona ver hoy este tipo de película colosal donde pueden coincidir miles de extras y los efectos especiales son tan rudimentarios que provocan la inmediata simpatía del espectador. Además hay un componente naif o pre-moderno en los comportamientos de los personajes, que carecen de complicaciones psicológicas. Así, la “femme fatale” (Joan Collins) lo es desde el primer segundo que la vemos. Y los buenos de la cinta, el arquitecto Vashtar (James Robertson Justice) y su hijo Senta (Dewey Martin), son buenísimos desde el inicio. El único personaje algo complejo es el Faraón Keops, pese a que en ningún momento nos creamos al actor Jack Hawkins en tan exótico papel. Es un personaje implacable, ambicioso y obsesionado con su posteridad, de ahí su plan de construir la pirámide más grande jamás realizada. Pero al mismo tiempo tiene cierto sentido de la justicia y la lealtad, como demuestra con su primera esposa y con el propio arquitecto, cuyo pueblo será liberado al terminar el proyecto de la pirámide.

Lo menos logrado de la cinta es su primera parte. Parece un ornamental publirreportaje sobre el Antiguo Egipto, encima aderezado con la atronadora música de Dimitri Tiomkin. Casi recomendaría saltarse los primeros 40 minutos de la cinta y, en su lugar, leer los cuatro divertidos capítulos que Juan Eslava Galán dedica a los egipcios en Historia del mundo contada para escépticos, el primero de los cuales (capítulo 16 del libro) se titula como la película, “Tierra de faraones”.

(Septiembre, 2015)