WELLES Orson (1915-1985)

Touch of Evil (Sed de mal) (1958: 7.5)

Sed de mal es una pesadilla expresionista que puede emparentarse con El proceso, la adaptación que hizo Orson Welles de la novela de Kafka. Otra estupenda muestra del talento bestial de Welles, Sed de mal es una sucesión de imágenes inestables, barrocas, irreales. Un thriller intrépido que apabulla.

¿También un thiller emocionante y sólido? Yo diría, modestamente, que no tanto.

De Godard a West Side Story, de Spielberg a Iñárritu pasando por Coppola, Scorsese, Brian de Palma, los hermanos Coen, Kar-Wai o Fincher. Y un largo etcétera. Es el potente influjo de Orson Welles y de Sed de mal. La importancia de esta película es indudable y su influencia evidente. ¿Cómo entender si no los primeros minutos de Psicosis, que parecen basados en la peripecia de Janet Leigh en el apartado motel de Touch of Evil? ¿Cómo no vislumbrar en el final de Touch of Evil algunos desenlaces de Peckinpah, donde perseguidores y perseguidos se enfrentan? ¿Cómo no ver Touch of Evil como modelo insuperable para todos aquellos cineastas modernos y posmodernos fascinados con las formas y la fragmentación, con lo vil y grotesco, con el arte hiperrealista? 

Estará feo decirlo pero lo diré. Sed de mal es una película tan orquestada que es algo artificiosa. Tan virtuosa en sus movimientos de cámara, talante expresivo y coreografía estética que resulta postiza.

Sed de mal es una gozada para los sentidos, pero no así para el pensamiento. No sólo no me conmueve sino que no me anima a pensar en nada. La disfruto, aunque no tanto como la disfrutarán los estudiantes de cine o los aprendices de directores. No se olvida pero tampoco deja huella.

Ese pesimismo, esa ambigüedad moral, ese tenebrismo ético, ese rimbombante oficio de tinieblas. ¿Y luego qué?

Sed de mal es un noir donde ocurren muchísimas cosas en una trama pletórica, furibunda y confusa pero, frente a la hawksiana El sueño eterno (por señalar un modelo de noir indiscutible), carece de diálogos espumosos y armonía narrativa, demasiado pendiente de crear un entorno y un personaje (interpretado por el propio Welles) malditos. También sufre en comparación con El tercer hombre: la influencia expresionista en el film de Carol Reed está perfectamente ensamblada en el entramado dramático y narrativo de la cinta, mientras que en sus más exacerbadas manifestaciones, en Touch of Evil el expresionismo se arriesga a ser “art for art’s sake”, rozando la caricatura y la imagen de cómic y huyendo de la autenticidad. ¿O estoy diciendo tonterías?

(Octubre, 2015)