CAPRA Frank (1897-1991)

Arsenic and Old Lace (Arsénico por compasión) (1944: 8.0)

Capra en su versión más divertida, más loca, menos comprometida, más moderna; lo que no significa que la mejor.

El humor negro como recurso para la sátira de las buenas costumbres, la parodia del cine de terror y la mofa del teatro burgués. “Screwball” entre cuatro paredes, sin las correrías hawksianas ni la alta comedia de Cukor, por ejemplo. Capra riéndose con Hitchcock y acaso influyendo en uno de los episodios televisivos de la serie televisiva Alfred Hitchcock presenta.

Ante todo, el objetivo de un Cary Grant crítico teatral (que parece, en el Brooklyn de los años treinta, un oficio de relumbrón), un tipo afortunado que acaba de casarse pero le importa una higa su linda esposa, es cubrir las apariencias. Ser cómplice de sus tías asesinas quizá porque, en realidad, y como suele ocurrir con Capra, Arsénico por compasión, además de una aparente defensa de la eutanasia radical, es un alegato a favor de la familia. Todo queda en casa y los trapos sucios, como dicen en el fútbol, se lavan en el vestuario. ¿Qué le importa a la policía que las encantadoras ancianas tías de Grant custodien a doce muertos en el sótano? Ante todo, somos gente respetable.

Arsénico por compasión nos ofrece una galería de personajes de manicomio y nos hace reír aún hoy (octubre, 2015), más de setenta años después. Diríamos, siendo malpensados, que la película es una especie de desahogo capriano entre tanto humanismo y American Dream; un desahogo, ya digo, entre cuatro paredes, un desafío teatral que gustaría a los fans del teatro del absurdo tan en boga unos años después. Esos espectadores que siempre desean ver plasmada en pantalla una “crítica” a las convenciones sociales. En ese sentido, hay un toque Buñuel y, en concreto, de El ángel exterminador que tampoco puede ocultarse y, por ello, insisto, esta película será probablemente la más moderna entre las de Capra y la más apta (si es que es apta) para los públicos juveniles del siglo XXI, que lograrán al menos sonreír. La más moderna y espumosa, insisto, pero de ninguna manera la mejor.

En cualquier caso, el gag del desenlace de Arsénico por compasión rima vital y filosóficamente con ¡Qué bello es vivir!. Es decir, que tampoco hay que volverse loco con tanto elemento satírico o absurdo. Capra era Capra, no Tristan Tzara.