GRIFFITH David W. (1875-1948)

Sally of the Sawdust (Sally, la hija del circo) (1925: 6.5)

Película muda, risueña y feliz, no parece que Sally la hija del circo sea una de las grandes películas del heroico pionero del cine, el norteamericano D.W. Griffith.

Lo más destacado de la película, aparte de su talante ligero y humorístico, es que permite comprobar cómo a la altura de 1925 el señor Griffith tenía perfectamente dominado el arte narrativo en el cinematógrafo. La historia avanza con fluidez y pulso, es un ejemplo armónico del clasicismo en el cine, más atento a la narrativa del siglo XIX, como se ha escrito tantas veces, que a las vanguardias artísticas tan en boga en aquellos años.

Si no está entre las más elevadas cumbres de Griffith es por dos motivos. En primer lugar, la película alarga su anécdota principal sin necesidad (¿no le sobran veinte minutos?) y se desvía por vericuetos secundarios y gags a mayor gloria de los actores principales, Carole Dempster y el gesticulante W.C. Fields. 

Por otro lado, la historia de amor y el cariz melodramático no funcionan del todo bien, dispersos ambos entre las subtramas y los momentos cómicos.

Es, en cualquier caso, una alegre muestra del talento narrativo de Griffith, que tanto influyera en directores aún más grandes como Ford, Walsh y Hawks.

EPÍLOGO DISCUTIBLE PERO PRO-GRIFFITH. “El verdadero arte puede conectar con todo el mundo. El de hoy es producto de esta era del individualismo que produce artistas solipsistas. Todo esto comenzó cuando un señor dijo que un orinal es una obra de arte”. Palabras del director de cine checo Jirí Menzel (entrevista con J. Sardá, El Cultural, enero de 2014). 

 

(Noviembre, 2015)