ALLEN Woody (1935-_)

Irrational Man (Irrational Man) (2015: 8.0)

¿Dónde estamos? ¿Qué es eso? ¿Dónde nos han transportado los sueños?

(en las últimas páginas de La montaña mágica, de Thomas Mann, traducción de M. Verdaguer)

 

¿Quién es el hombre irracional del título de la película? ¿El profesor universitario que interpreta sin esfuerzo Joaquin Phoenix? Lo dudo.

Lo racional es agarrarse a la vida y es lo que hace este hombre cuando corre serio peligro de verse en prisión por haber matado a un hombre. Lo paradójico, claro, es que ese sentimiento vital y racional le sobreviene tras el asesinato: solamente así recupera su impulso existencial, la potencia sexual, su apetito y ganas de vivir. Y la sensatez. Y entonces Woody Allen nos hace, como siempre, pensar: ¿hasta dónde nos han transportado los sueños de juventud?

¿Pero es Woody Allen ese hombre irracional? Lo dudo aún más. Pocos directores más cerebrales y sensatos que el neoyorquino. Incluso cuando simula ser más absurdo o impulsivo. Lo contradictorio es que las referencias filosóficas de Woody Allen, a partir del sostén ideal de Kant, sean pensadores como Nietzsche, Schopenhauer o Dostoievski. Es decir, los escritores y pensadores que más se habrían olvidado de la razón, por utilizar las palabras y el título de un libro muy ameno del argentino Juan José Sebreli. Sin embargo, esos son los autores filosóficos más citados e influyentes del mundo, al menos entre los universitarios, los literatos y los malditos. Y también entre la clase media instruida que teme no estar a la altura cultural por culpa de los catarros de los nenes, los mensajes del móvil y los centros comerciales.

Irrational Man es otra espléndida muestra del equipaje artístico, filosófico y seductor del gran Woody Allen. Una película que no es una comedia aunque contenga pasajes cómicos. Una película que es un prodigio de precisión y ritmo narrativos, en la senda, una vez más, del suspense y el asesinato perfecto de Hitchcock y del relato moral y sentimental de Rohmer. Parecen ya más lejanas las influencias en otro tiempo potentes, de Bergman o Fellini.

La fluidez narrativa de una película como ésta puede parecer un juego de niños. Pero no hay más que ver lo que hacen otros directores más jóvenes y supuestos seguidores de Allen (Baumbach) para verificar hasta qué punto la maestría en el contar cosas serias con ligereza y vigor está al alcance de escasos directores.

A partir de un guion preciso y creativo, los actores elegidos por Allen hacen un trabajo estupendo: Joaquin Phoenix, Emma Stone y Parker Posey nos divierten y conmueven. 

Estamos, pues, ante otra gran película del maestro Woody Allen. Una obra que quizá sea vista por algunos como demasiado “high brow” y por otros como demasiado “low brow”. Y sería un lastimoso error, porque esto es cine en su punto.

 

(Noviembre, 2015)