SORRENTINO Paolo (1970-_)

La grande bellezza (La gran belleza) (2013: 4.0)

SI HAN BUSCADO

Si han buscado opiniones favorables a La gran belleza en el gremio de la literatura, la crítica y el periodismo españoles, sin duda las habrán encontrado en Google. Una lista apresurada: Antonio Lucas (El Mundo), Manuel Jabois (El Mundo), Pedro G. Cuartango (El Mundo), Luis Martínez (El Mundo), Eloy Tizón (El Cultural), Marcos Ordóñez (El País), Pablo Ordaz (El País), Carlos Boyero (El País), Enric Juliana (La Vanguardia), Carlos Losilla (La Vanguardia), Luis Ventoso (ABC), Oti Rodríguez Marchante (ABC), Sergi Sánchez (Fotogramas), Cristian Campos (jotdown), Juanjo M. Jambrina (jotdown), Marta Sanz (infolibre), Marta Armengou (blisstopic), Beatriz Martínez (sensacine), Pablo Muñoz (blogdecine), Fernando Marañón (David y Goliat), J. Luis Daza (zonanegativa), J. Berdoy (blog 444gb), Nando Salvá (Cinemanía), Héctor G. Barnés (Dirigido por) y un larguísimo etcétera.

Si buscan algún comentario negativo, la cosa se complica, pero están el de Iñaqui Ezquerra (ABC) y el de Javier Marías (El País Semanal). Y, hasta cierto punto, el de Nuria Vidal (en su blog).  Y habrá otros, no digo que no.

EN DECENAS DE

En decenas de páginas web y blogs de cine españoles se fabrica alta literatura a costa de La gran belleza, especiada con cientos de pensamientos, miles de experiencias personales, millones de citas (de Nietzsche y Céline a Fellini, de Schopenhauer y Barthes a Visconti) y billones de retruécanos admirativos. La gran belleza funciona como reclamo irresistible. Es una golosina que mastican, identificados, muchos hombres inteligentes.

La gran belleza es inspiradora. Es cool. Ya es tendencia.

ACLARO QUE

Aclaro que para mí, que no soy nadie, La gran belleza no puede ser gran cine.

Empecemos por el carismático protagonista. ¿Cuál es su atractivo? ¿No es un adolescente de 65 años? Esa lucidez borracha del que firma sentencias verbales y nunca se ha comprometido con nada ni nadie. Un estereotipado pijo veterano que se aburre. Su decepción, ¿no es previsible, impostada y cansina? Su ironía, ¿no es un cobarde desprecio por el mundo que ha ayudado a forjar? El héroe de la cinta se ha quedado anclado en el estadio estético (J. Gomá), divino de la muerte. No ha aprendido a ser ciudadano, presume de no ser hipócrita (o de no serlo más que los otros) pero le importa una higa cuanto acontece.

Alrededor del protagonista giran los títeres que maneja con habilidad el italiano Sorrentino, en un audiovisual manierista de dos horas y media que ha maravillado a muchas personas, incluidos algunos amigos, escritores que admiro y gente que respeto. Así que el equivocado seré yo.

SI EL ACIERTO

Si el acierto de La gran belleza es haber actualizado clásicos italianos como La dolce vita, Roma y El gatopardo, entonces habría que precisar esa actualización en tres puntos: 1) uso de estrategias más conectadas con el siglo XXI (publicidad, turismo global, vídeo-clip, youtube, ralentizaciones, imagen “surrealista”, ostentación audiovisual) para el retrato de una Roma caricaturesca, juerguista, monumental y absurda, 2) grandes dosis de audacia, astucia y cinismo en el diseño y explotación de bellezas femeninas semi-desnudas, fiestas interminables e imágenes pintorescas, y 3) un aura de malditismo intelectual y farándula cultural en los que campa a sus anchas ese hombre escéptico que cree haberlo visto todo y no tiene ilusión por nada. 

¿Dónde está la gente real? ¿Dónde está Roma? ¿Dónde están los intelectuales?

SI ESTA OBRA

Si esta obra tan aparatosa es, como dicen, una gran película, para mí es un gran aspaviento y una gran desilusión. Cinematográfica y de la otra.

 

(Enero, 2016)