VISCONTI Luchino (1906-1976)

Bellissima (Bellísima) (1951: 9.0)

El tema de Bellísima es de una amarga moral: la ilusoria comedia que el cine se da a sí mismo y a sus víctimas.

Patrice G. Hovald. El neorrealismo y sus creadores (traduc. de José Vila Selma)

 

Bellísima película neorrealista del gran Luchino Visconti en torno a una madre empeñada en que su joven hija triunfe en el mundo del cine en la Italia de 1950.

Las escenas se desarrollan con enorme brío narrativo y esplendor dramático, centrándose en las cuitas y vicisitudes que vive Maddalena (una extraordinaria Anna Magnani) cuando hace todo lo que está en su mano, de manera poco realista, para que su niña consiga una plaza en un casting y pueda llegar a convertirse en una estrella. 

La existencia de esa ilusión no era ilusoria, era real. Y el encanto de la burguesía no era nada discreto para personas como Maddalena.

Es imposible no conmoverse con el retrato de personajes de clase trabajadora que hace Visconti, contraponiéndolos a los señores del cine. En la jerga actual que ha vuelto a poner de moda el partido político Podemos, podría decirse que Visconti retrata a la Gente (personas que sobreviven) y la opone a la Casta (los del cine). Pero Visconti hace mucho más que eso, claro. No nos esquilma las debilidades y bajezas de los personajes humildes, empezando por Maddalena y su marido. Ella está dispuesta a todo para que su hija sea una estrella: empezando por lograr una “recomendación” (los "enchufes" los conocemos muy bien en España), que era la vía más segura para tener éxito. Él es un bruto machista que grita y pega a su mujer. Las vecinas son unas brujas que chillan y se entrometen. Mientras, los personajes como el director Alessandro Blasetti y sus ayudantes de Cinecittà son representados como tipos poco fiables y despectivos.

Es admirable cómo Visconti rueda sus escenas con muchos personajes que, a la manera de Berlanga, entran y salen de plano, discuten o se increpan. Es un neorrealismo coral en muchos momentos (guion de Zavattini), aunque el protagonismo de Maddalena sea evidente.

Uno se emociona cuando el papá de la niña, a la que quiere con locura, la coge en brazos. O cuando Maddalena, humillada y ofendida al final de la cinta, se lleva a la niña dormida, rechazando la oferta del productor. Y cómo esa niña se queda dormida en su humilde camastro a la espera de un nuevo día. Fuera del cine. 

 

NOTA. Un usuario de Filmin (plataforma donde he visto Bellísima) acierta al mencionar Pequeña Miss Sunshine como remake americano de Bellísima en el siglo XXI.

 

(Febrero, 2016)