AKIN Fatih (1973-_)

Gegen die Wand (Contra la pared) (2004: 8.0)

La maravillosa historia gráfica de Marjane Satrapi, llamada Perspépolis (también en película), lleva como subtítulo, en mi versión inglesa (de A. Singh), “The Story of a Childhood and The Story of a Return”. La historia de una niñez y la historia de un retorno. Descontando la niñez y añadiendo, más bien, la juventud, tal subtítulo se adapta a la película de F. Akin Contra la pared. En ambas obras se debate la posición de “el otro” entre los unos, se trata la juventud y su dudoso divino tesoro, se representan capas de interculturalidad y mala vida, de cultura Pop y cultura tradicional, la confrontación entre clases sociales, razas, tendencias, sexos y actitudes ante la vida. En contextos diversos y complejos. Con más humor y ternura en Perspépolis. Con más violencia y ensimismamiento en Contra la pared. Pero las aproximaciones de Akin y Satrapi son similares e ingeniosas, perfectamente comprensibles en el mundo globalizado de los últimos años, y suponen destacadas muestras de revisión histórica (cada cual a su manera en distintos países), familiar y biográfica: choques de ideas nuevas y recibidas, de sensaciones irracionales y un “angst” existencial, todo esto confrontado a nociones de sentido común, convencionalidad e, incluso, estabilidad. ¿Y la felicidad? Ese es otro tema.

 Contra la pared es un film demagógico y hasta déspota (en tanto que artilugio audiovisual u obra de arte y entretenimiento). Pero su potencia la avala: y su divisa de sexo, drogas y rock ‘n’ roll, además de su lúcida aun rendida moraleja de “a veces no hay marcha atrás” o “a veces es demasiado tarde”. La desesperación y rabia punk carecen de honestidad, a mi modo de ver, pero no de carisma ni de espectáculo ni cálculo.

La demagogia tiene que ver con los conceptos de (falta de) sutileza y de subrayado. Hay subrayados emocionales y hasta intelectuales de manera continua. Se juega sucio con el espectador, lo sepa éste o no. Ejemplos. Él mirando por la ventana como si volviese a querer suicidarse; ella cortándose las venas y pegándose luego tortas; ella insultando por tercera vez a los tipos que podrían matarla; él metiéndose al final en el autobús para ir a su pueblo turco, como si eso fuese más importante que el supuesto amor de su amada. Él siempre posando, cerveza y cigarrillo, sin disimulos; y esa fea escena de la “pedida de mano”, cuando el protagonista y su tío se miran y mienten, cómplices entre ellos y con el espectador mientras la familia de ella, al parecer, no se da por enterada. Y esa completa frivolización del suicidio (no es juicio moral, es lo que vi). Y ese empleo constante y enfático de la música al servicio visceral de los músculos sexuales, musicales y crudos de la cinta. Y las mujeres como meros “cuerpos” y así, al parecer, liberadas y no tradicionales, frente a otras mujeres que trabajan todo el día, y así esclavas de su propio quehacer y sin ocio. ¿Pero qué ocio? El del lado salvaje de la vida, meramente, aquel reivindicado retórica y, acaso, generacionalmente por Akin, que es al cine de los grandes maestros (Ford, Rohmer, Godard, Hitchcock, etc.) lo que Hornby a la gran literatura, Kaiser Chiefs a la música Pop o el redundante Francis Bacon al grandioso arte de Velázquez, Goya o Magritte.

Impactos, buen ojo, astucia, habilidad, tendencias. Y, en sus mejores momentos, cuando se olvida un tanto de su papel, se impone la manifestación de alguien con talento capaz de momentos arrebatadores. Contra la pared es poderosa y ruidosa, joven y “cool”, académicamente aceptable aunque menos insistente, por suerte, que Crash (Haggis), menos molesta que Irreversible (Noé) y, claro, no tan ambiciosa como Babel (Iñárritu). Pero por ahí.

Los efectismos emocionales, estéticos e intelectuales de Akin no pasarán desapercibidos a los cinéfilos nacidos antes de 1960, más preparados para estos menesteres, calculo. Los jóvenes, o al menos criados en la senda Rock y de cultura popular y de masas (y los estudios culturales) de The Rolling Stones, The Sext Pistols, The Clash o The Doors, sí podrán conectar y hasta quedar envueltos por el magma sensual, duro y crudo de Akin: que sabe cómo, dónde y cuándo hacerlo, no es un impotente del audiovisual. Maneja sus códigos (palabras, voces, imágenes; modas, etnias, estereotipos, estados de ánimo) con vigor y agudeza, convicción y astucia.

Cine de tatuajes, “piercings” y música potente: ideológicamente pasa por izquierdista pero no yo lo veo nada claro. Instinto para reflejar el “walk on the wild side” de Lou Reed, tierras alemanas y turcas, gentes alemanas y turcas o con identidad dividida. Rebeldía sin mucha causa, sin concretarse, sin contenido. ¿No debería Akin ver la portentosa, sincera y  genial Los amantes regulares (o habituales) de Garrell?

Internacionalismo buscado, el de Akin. Y esa, repito, demagogia, lo peor del film. Ese momento final, ya citado, esa cita para las doce entre él (por cierto, Birol Ünel) y ella (Sibel Kekilli), en Turquía, en la estación de autobuses, para forzar el suspense y que el espectador tenga que esperar unos segundos esperables… Y para no proponer un final feliz, pues bien sabe Akin que eso se considera dulzón y no realista, reaccionario y convencional.

Y es que irrita este talentoso director, por sus ínfulas y su ansiado calibre “guay”, por tirar piedras y esconder la mano, por querer redondear el recorrido de la desesperación y la decepción, pretenciosamente, sin aprendizajes ni amplitud de miras.

¿Quiero decir con esto que no me gustó Contra la pared?

En absoluto. Al contrario. No sabría ser tan purista. Y no renuncio a la carnaza de Bacon, los himnos simpáticos de Kaiser Chiefs o al Fever Pitch de Hornby.

Me gustó mucho, me imantó. Tengo 33 años, soy burgués y europeo y más bien de izquierdas. He vivido y vivo la noche con moderación, con mis limitaciones y mecanismos de defensa, con sus tías buenas o frustrantes o imposibles o inesperadas, su rock, su alcohol y sus (escasos) porros, su filosofía de barra de bar, qué risa nos da ahora. Ese no saber qué va a pasar ni cómo ni para qué. ¿Cómo no me va a engatusar Contra la pared? He mamado, hasta cierto punto, la leche cultural, generacional y emocional de Akin (en distinto país y circunstancias), ¿cómo conseguir ignorar un cine así, que se coloca entre mis sueños, fracasos e ilusiones, y la pared de los hechos, las impotencias propias y el transcurrir de los años?